martes, 31 de marzo de 2020

Iñaki y la Dama


Mientras empiezo a escribir, sueña la música. Jazz, Blues, Rock and roll cantado por mujeres. Una voz masculina entre canciones nos recuerda:  Quedaos en casa.
Hace tiempo de cuarentena que mi amigo Iñaki realiza sus grageas musicales, segmentos de su enorme conocimiento musical con que nos da un momento distinto en estos días oscuros.
Hoy quiero escribir sobre él. Sobre la amistad que tenemos desde hace tantos años.
Emails extensos como cartas. Duelos literarios. Les trois mousquetaires, edición ilustrada, obsequio de Iñaki, a quien no conozco en persona. Y también sumó su esencial colaboración con mi novela La mujer prohibida.
Les hablo de años de amistad.
Hablar de Iñaki es hablar también de ella, la Dama. La que va a trabajar cada día mientras le crece ese flequillo. La Dama atiende una botica, una farmacia, en algún lugar de España cuyo nombre no sé. Y cada día lidia con personas, algunas responsables, alguna que no.
La Dama escribe en su blog. Nos habíamos habituado a la delicia de su ironía, a sus iras momentáneas, a su prosa explosiva.
Pero en los últimos días el blog se convirtió en una crónica, sagaz y seria, de los tiempos de pandemia.
Le estoy reconocida, por estar al frente de la trinchera atendiendo la farmacia y por ser capaz de escribir con esa precisión. No creo que mi prosa no sea precisa también a veces, sólo sé que escribir me cuesta más que nunca.
Desde hace dos días o uno, la Dama no va a la botica, es que le subió la fiebre. Lo dice en su blog, fiebre, tos y dificultad para respirar.
Mientras termino este post, sueña la Música. La música cantada por mujeres que sube Iñaki, dedicada a quienes conforman el frente en esta pandemia, a quienes siguen trabajando. Y a la Dama del blog, de la botica, la que no desdeñó estar en el frente.

jueves, 19 de marzo de 2020

YO ME QUEDO EN CASA

Mi casa no es especial, salvo que además es mi hogar, y sepan que puedo entender, por la vida misma, la diferencia. Entonces, mi hogar no es nada especial. Sin embargo, desde que me quedo en casa, miro con nuevos ojos la biblioteca de mi hogar con más de siete mil ejemplares. Me quedo en casa, pero estoy trabajando en un artículo sobre el vampirismo.
Inspirado lejanamente por la rabia, el romántico vampiro ( de hecho, el vampiro fue una frívola moda en el período romántico europeo), es un ejemplo de lo que se produce culturalmente con un temor masivo, un peligro veloz y casi invisible, cuando ya lleva un tiempo desaparecido. Se lo cicatriza convirtiéndole en moda.
Entonces el médico de Lord Byron, Polidori, en Gran Bretaña, Bram Stoker, en Irlanda y Charles Nodier, en Francia (no en coincidencia), se prestaron gustosos a proveer de sustento literario y teatral a la moda. La alimentaron  con los personajes de Lord Ruthwen, Drácula y El vampiro que Nodier subió a las tablas de la Comedia Francesa.
Insisto en que fue un proceso de cicatrización frente a la infección incontrolable que fue la rabia, transmitida por un tipo de murciélago.
Ahora bien, yo me quedo en casa. Tengo la suerte de tener un espacio de trabajo agradable, y muy buena compañía. Además de mi artículo sobre el vampirismo (basado en una charla que di hace unos años en Rosario), tengo mis libros de idioma y mis diccionarios, más mis clases de francés con el método Franstastique.com.
El francés es un idioma a medias heredado que estoy aprendiendo, sobre todo porque aprendí de niña un francés del siglo XIX, el de los inmigrantes de mi familia, y necesito los giros de hoy. Más allá de eso, es el idioma que más me gusta de los que he intentado estudiar.
Mi vida no es especial, pero tiene sus movimientos. El día 16 de marzo regresé de México en lo que puede haber sido el último vuelo de Aeromexico con destino a Buenos Aires. Fue un viaje difícil. sin dormir desde la noche anterior frente a la noticia del cierre de las fronteras argentinas, noticia que se oye muy mal estando realmente muy lejos. Difícil vuelo, con la mitad de los asientos vacíos, y alguna ciudadana indignada que no aceptaba los protocolos de Sanidad.
Protocolos indispensables en tiempos de Pandemia.
Por eso, por todo eso, #yomequedoencasa
Y me imagino, sin mirada soñadora, la narrativa cicatrizante de un futuro que espero cercano.

jueves, 5 de marzo de 2020

Duerme Matteo


Duerme Matteo, duerme
Hay un lago donde se refleja tu rostro
Por que la Ondina quiere besarlo
Pero tú duerme, Matteo, duerme
Hay un enano en una cueva
La cueva está llena de oro
Pero en un cofre guardado con siete llaves
Está tu nombre escrito por los gnomos
Pero Duerme, Matteo, Duerme
Te llama en suspiros la Luna
 Tú Duerme, Matteo, Duerme
Te llama el bosque susurrante
Tú Duerme, Matteo, Duerme
Helena de Troya toca tu hombro en la cama
Tú Duerme, Matteo, Duerme
Dios golpea la ventana con los nudillos...
Tú Duerme, Matteo, Duerme
Si Duerme Matteo, duerme el gnomo, la ondina,
 el bosque y el Universo todo.
Déjalos dormir...

domingo, 9 de febrero de 2020

Rita y el árbol de mandarina


La hoja de mandarina es una perfecta estrella brillante. Sin embargo este año el árbol no dio flor, ni mucho menos fruto.
Eso es raro. Cómo sea, me importa más su sombra. La sombra del árbol de mandarina es baja, tupida y umbría.
Rita la eligió para sus últimos sueños, en sus últimos atardeceres. Con su pelo chocolate oscuro, robusta pero baja, Rita era una perra libre, alegre y popular, conocedora de las calles de arena y las tranqueras de esta ciudad costera, dónde estoy ahora escribiendo estas líneas.
Es que yo también, entre muchos, quise tanto a Rita.
Rita saltaba las cercas e imponía su alegre presencia a los comensales. Te seguía hasta la playa quisieras o no, y hasta nos siguió a Luis y a mí una noche de verano intenso, con estrellas como gotas y mucha gente en la calle, adónde nos llevaba la música.
Era un concierto de The Beats en La Lucilla del Mar, la mejor banda Beatle del mundo, como ellos se presentan, y Rita se acostó, feliz, junto a nuestras piernas, a escuchar.
La noche, con estrellas como gotas, The Beats, y Rita, color chocolate oscuro. Recibiendo ella, una multitud de caricias pasajeras.
Hace un tiempo, breve y eterno (porque el tiempo es así, eterno y breve), la Rita color chocolate dormía en un montículo de hojas cuando un automovilista no la vio y la arrolló.
Este año, el árbol de mandarina no dio fruto, pero Rita lo escogió. Bajo su sombra protectora  luchó entre la vida y la muerte.
Manos amorosas cuidaron a Rita, almas buenas vertieron cálidas lágrimas.
Manos que ahora la añoran con una dulce melancolía.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

El cuaderno

En mi casa hay un altillo, un pequeño cuarto en altura , atiborrado de cosas. Eso no es nada raro, en muchas casas hay un altillo, aunque la palabra está en desuso.
Cada tanto tiempo, subo esa escalera empinada, en busca de algún libro. No sólo hay libros, hay cuadros, retratos, una cómoda antigua, y una campana de un viejo buque. Esto último perteneció a los viejos dueños, que eran una pareja de buzos. Gente singular.
La cuestión es que aunque es común para mí subir esa escalera empinada y enfrentar el desorden amable del altillo, hace pocos días ocurrió un pequeño suceso que para mí fue extraordinario.
Lo que ocurrió fue que algún otro miembro de la familia movió una manta de alpaca y la cambió de lugar. Pequeño gesto, todo un descubrimiento.Y cuando yo realicé hace unos siete días mi normal visita al altillo, me sucedió algo...
Lo primero que vi fue un cuaderno dónde estaba la manta de alpaca, tapas claras, lomo de tela verde, un cuaderno Rivadavia de 200 hojas.Un cuaderno que no abría desde veinte años atrás, pero al que dormí abrazada más de una vez
La tinta está perfecta. Los poemas y cuentos y borradores de cartas ocupan las 200 hojas completas, incluidos los márgenes y contratapas.Era ella, la Paula a la que todavía podía su padre llamarla Paulette, la que alguien llamó La Novia de Artagnan, la que sellaba libros todo el día con sus jeans gastados y su cabello larguísimo, la que abrió un día un libro para poner el sello de la última página y encontró un manuscrito de Borges.
Pero también la que no toleraba bien eso de ser llamada musa, y no buscaba trascender por el nombre del otro.Estaba descubriendo el mundo, tenía 25 años, un novio y dos hijos, que poblaron el cuaderno con sus dibujos y poemas.
Todos somos Conrad cuando maduramos.
Permitanme mirar mi cuaderno con una sonrisa, vaso en mano y compartirlo con ustedes.

domingo, 1 de diciembre de 2019

El perro de Manuel


En realidad, Manuel no se llama así, pero prefiero proteger su nombre. Manuel fue mi vecino durante treinta años, pero en esos treinta años estuvo varios años preso, por lo que no fueron tanto.
En ausencia tanto como en su presencia su madre decía “Cuando venga Manuel va a solucionar éste y éste otro problema". "Cuando venga Manuel". Cuando venga.
Vino Manuel y encontró a la madre ya muy anciana. Él la cuidó como muchos hijos probos y sin entradas carcelarias no cuidan a sus madres. Junto con su hermano, Lorenzo, se turnaban para ocuparse de esa mujer que les había dado la vida y tanto había sufrido.
La madre partió, a algún país allende los cielos. Los dos hermanos, viejos asiduos de la cárcel, la lloraron copiosamente en un eterno abrazo, como son los abrazos de los hermanos.
La última vez que vi a Manuel fue hace pocos días. Paseaba un perrito, un cachorro blanco, alegre y vivaz. El cachorro quiso jugar conmigo y pregunté a Manuel su nombre.
Vaciló.
Al fin me dijo gravemente: se llama Noteolvidaré.


miércoles, 20 de noviembre de 2019

El regalo de Navidad

EL REGALO DE NAVIDAD
Un cuento de Villa Paraíso
Paula Ruggeri


Llegó al bar en su camioneta vieja. Roja, despintada, era buena, fuerte y útil. A veces le hacían bromas, a veces le gritaban cosas desagradables. Cuando estaba en su viejo barrio, no pasaba nada. Era un barrio de plomeros, albañiles y electricistas. La vida transcurría al sol, de noche se dormía.
Nunca tocaba en su viejo barrio. Tocaba en barrios donde no se dormía. Y esta noche, menos aún. Habría fuegos de artificio, gritos, botellas rotas. El Niño Dios ha nacido--decía la voz plañidera de su abuelo cuando él era un niño. ¿Y dónde está el Niño Dios?¿ Adónde se llevó a su hija?
Esa noche de felicidad obligatoria, Ezequiel estaba desoladoramente triste y tenía que cantar, tocar su electroacústica y moverse. Los hombres son valientes, los hombres no lloran. ¿Cuánto coraje se le puede pedir a un hombre?
Baja las dos consolas, tres rollos de cables prolijamente separados, y lanza un chiflido a la gente del bar. Su Nochebuena ya empezó.

Se llevan las consolas y los cables. La Vela, se llama el bar. Al tomar su guitarra (electroacústica), ve los dos rollos de papel de regalo, la cinta scotch y la liviana bolsa floreada. No me tengo que olvidar del regalo—se prometió.
Los tomó junto con la guitarra.
Mientras acomodaba todo (la noche va ser una fiesta), prometió al dueño del bar, se volteó un momento para decirle a una camarera que lo miraba curiosa.
—Me hacés un favor—
—¿Qué?— dijo desconfiada. Esa noche había planchado su cabellera azabache y se había escotado un poco. Ezequiel no reparó en nada de eso, contra la idea de la chica.
—Me podés dar una mano con el regalo de mi señora? Yo no sé envolverlo y…
—¡Pero claro—dijo la camarera aliviada-- Démelo ¿que és?—dijo curiosa.
—Un chal.
--Ay, ¡pero que hermoso es!.¡¡¡ Qué suerte tiene su mujer!!!! Ya se lo envuelvo.
Mientras la chica se empeñaba con los dos rollos, la cinta y el hermoso chal, Ezequiel empezaba a conectar los cables y luego, a probar su electroacústica.
--¿Todo bien, jefe?- dijo el dueño del bar, con amable desconfianza. Después de todo, no conocía a ese cantante de pelo aleonado y de nombre difícil-- Ezequiel Alfredo--al que pagaba para que animase la nochebuena en su pequeño bar.
--Todo muy bien. Conecto los cables y estoy listo--dijo desde el suelo, ocupado en llevar y traer cables . La guitarra estaba apoyada sobre una silla, vigilada de cerca por el ojo atento de Ezequiel Alfredo.
Es que su desgracia no le había anulado el profesionalismo. Ni la necesidad.
A los veinte minutos todo estaba conectado. Ezequiel pidió permiso para cambiarse en el baño. Una camisa azul brillante. Barata, pero brillaba. Los mismos jeans negros con los que llegó. Gel en el pelo, echado hacia atrás y un poco largo.
El propio Sandro no tendría objeciones a su aspecto.

--Hola…Hola…-Ezequiel Alfredo probó el micrófono. --Buenas Noches, --expresó con oficio--noche feliz, Nochebuena. Damas y Caballeros. Con ustedes…un servidor.
Y su potente voz de barítono cantó, en un falso susurro…
”Por ese palpitar/Que tiene tu mirar / Yo puedo presentir…”
Suenan aplausos aislados y ahora sí, empuña la guitarra.
“Yo puedo presentir…/Que tú debes sufrir…/Igual que sufro yo./”
--¡Sandro!, gritó un hombre con sorna.
--Gracias, contestó Ezequiel, impertérrito.
--Igual que sufro yo--corearon un par de señoras.
--Te amo--. Y las cuerdas vocales de Ezequiel se relajaron y temblaron en un hermoso vibrato. Se oyeron aplausos.

Unas tres horas después, cansado, Ezequiel comenzó a enrollar cables y guardar la guitarra en su funda. Las consolas ¡qué pesadas eran a esa hora, el día de Navidad!
--Mil doscientos-- dijo el dueño del bar, contando dos veces los billetes de cien. --Sacá pronto todo de acá y que te vaya bien. Tenés talento.
Ezequiel guardó el dinero en el bolsillo. Tenía todavía la camisa azul brillante toda sudada. No le habían dado tiempo de cambiarse.
Comprobó que tenía el regalo antes de intentar arrancar el auto.
Tenía un problema. El auto amagaba con arrancar y no arrancaba. Su coche, un Renault Pickup de los 90, daba tirones y rugía de pura impotencia.
--Vinimos hasta acá-dijo calmo Ezequiel-- Vamos a regresar a casa. Es Navidad.
En el asiento del acompañante estaba el paquete envuelto con esmero con papel brillante como su camisa azul.
El motor respiraba fuerte, asmático y volvía a rugir.
--Vamos a casa, no me falles.
Oyendo el ruego, la Renault arrancó.
Sentía el tirón fuerte en el volante y que el neumático de la derecha, emparchado, se iba rápidamente al desgaste.
--Dios-murmuró Ezequiel-- El regalo estaba ahí, en el asiento del acompañante. Pero hacía rato que su mujer no se subía al coche.
Daba igual. Tenía que estar con ella.
--¡Dios!-- dijo Ezequiel una vez más, asombrado.-- El auto se había quedado con la goma desinflada, en la entrada para coches de una gomería.
Y estaba abierta. El dueño celebraba la Navidad con su familia en el playón. Había armado una parrilla y toda la familia celebraba la Navidad con un asado.
--¿Qué se le ofrece jefe? ¿nos quedamos?-- dijo el dueño de la gomería, sonriente, con una remera roja, bermudas, y un gorro rojo festoneado de blanco.
Para Ezequiel era, efectivamente, Santa Klaus en persona.
--Necesito reemparchar este neumático.
--Imposible-dijo el hombre con voz experta--Ya lo emparchaste mucho. Es un riesgo, sabés.
--¿Qué se puede hacer?--dijo Ezequiel con voz desesperada.
--Te puedo ofrecer una emparchada--dijo el hombre, práctico-- Por 1200 pesos te pongo una goma segura y te vas tranquilo.

Se sentó en una silla que le ofrecieron. Cabeza gacha, manos entrelazadas.
Cuando el problema estuvo resuelto, entregó los recién ganados 1200 pesos y subió al Renault.
El auto rugía, respiraba asmáticamente, tironeaba y por fin arrancó.
¡Feliz Navidad! Oyó que lo saludaban a sus espaldas.
Sí. Una feliz navidad.

Entró en su casa procurando hacer silencio.
Llevaba el regalo en la mano.
--Sarah-- susurró.
--Sarah no está--dijo una voz grave de mujer, un poco vacilante.
--Feliz Navidad, Sarah-- besó su boca, con aliento a ginebra. El vaso y la botella estaban sobre la mesa. También una foto de la hija muerta en un portarretrato color rosa.
Pero ¿cuánto valor se puede pedir a una mujer?
--Sarah, mi amor, te traje un regalo.
Ezequiel abrió el paquete, cerrado con tanto esmero por una desconocida “qué suerte tiene su mujer”, recordó Ezequiel. Suerte.
Le colocó el chal, una maravilla de seda gris y plata, que contrastaba con los cabellos rubios de Sarah.
--Y ahora, la nena va a dormir, Sarah.
Y suavemente giró el portarretrato, mientras Sarah lloraba despacio.



lunes, 30 de septiembre de 2019

Cuando arda Babilonia


EL DIABLO ENAMORADO



                                                            “Que sean tan valientes y sufridos como Venus”
                                                              La Ilíada, canto XXI


Cuando arda Babilonia
Hasta las últimas cenizas
Yo estaré de pie
Esperando

Tú bajarás de tu ciudad
Me mirarás, desnuda y sangrante
Vencida y triunfante
Y te unirás a mí

Arderán las últimas estrellas
Morirán las últimas aves
Toda tu creación destruida
Por destruirme a mí
A tanto puede llegar el odio de un dios
Que es demasiado hombre
Para no odiar a una mujer

Y al fin yo amo y él odia
Y al fin yo creo y él destruye

Y al fin ambos lloraremos
De pie sobre las cenizas de Babilonia

Morirán las últimas estrellas
Nacerá el último hombre
Para después morir
Como todos, en mis brazos
Caerá una última tormenta
Que apagará el último fuego
Y yo estaré de pie

Moriré por vez última
Esta vez será para siempre
Porque al fin volveré al Padre
Diciendo: yo soy tu Hija
Tómame
Y moriré
Porque yo soy tu sangre
Pruébame
Como aquella vez
Arderá Babilonia
Hasta las últimas cenizas
Y yo estaré de pie
Esperando

Porque yo soy tu sangre
Tómame
No puede arder el agua
Pues hija el fuego
Pero cuando arde Babilonia
Los padres devoran a sus hijas
Pues tienen miedo

He tenido tantos nombres
Pero al fin tengo un solo padre

De pie espero el cisne blanco
Que me llevará hasta ti
Habrá una isla adonde me conducirá un blanco toro
Por los viejos tiempos, la llamaremos Europa
Vendrás a mí como lluvia de oro
Como antes, cuando éramos jóvenes
Y te diré
“Yo soy tu sangre”
Y te diré
“Coge esta fruta”
Y te diré
“Corta este árbol”

Y renacerá el Paraíso


domingo, 8 de septiembre de 2019

Primer poema. La Rosa Encarnada.


POEMA DEL CIELO Y EL INFIERNO


Oye lo que dice la noche
Que es más vieja que el hombre
Y que ha enterrado a todos los amores
Que se sirvieron de ella

Dos piedras a la cabeza
Y una a los pies
Son toda la tumba de Arturo
Bajo las aguas. Esto nadie lo sabe
La reina Ginebra murió en el convento
Adonde no fue Ofelia
Ella prefirió las aguas del lago
Juntos yacen ella y Arturo
Lejos, la tierra cubre a Ginebra y a Lancelot
Aquiles fue en verdad un cobarde en su fuerza
Helena de Troya fue la legítima mujer
Del único que peleó y murió por ella
Que se llamó Héctor el troyano
Todos los fuegos queman las manos de Tristán
Y Abelardo sigue amando el cuerpo de Eloísa
Paolo y Francesca son esposos en el Cielo
Amados por Dios
Isolda es como Ginebra
Las dos son esposas del hombre equivocado

Ahora se calla la noche. Yo seguiré contando
Yo escribí la historia
Nadie puede sellar mis labios

Juan el fiel es el esposo
De la Princesa de Oro
Ulises trenza coronas
Con el cabello de Nausícaa
Galahad se ahogó en el océano
Ya cuenta mi poema
Tres felices matrimonios
Y tres amantes ahogados. Prosigamos
El dragón venció a San Jorge
Y San Jorge es el nombre del dragón
San Agustín murió pecando
Las siete colinas están cubiertas de sangre
Y a la sombra de seis mil cruces
Hay un solo Cadalso

Un perro negro se despedaza a sí mismo
Eternamente
A eso lo llaman
El Bien y el Mal

Todos los hombres buenos
Vieron alguna vez el fantasma de su padre
Todas las flores amadas por ellos
Mueren ahogadas
Todos los caballeros
No aman mas que a su espada
Hace mucho hubo un poema
“todos los hombres matan lo que aman”
Y no todos mueren por ello
Oigan como ladra el perro negro
Mi verso es como una espada
En su punta hay un veneno amargo
Que inventó para mí mi madre Morgana

De noche todo se sabe
De día soy solo una pobre mujer
De noche yo escribo la historia
De noche escribo
“El amor es locura”
De día estoy doblemente loca
Prosigamos. La noche es corta y la historia larga
Galahad llevó a sus labios la santa copa
De ella bebió el veneno mortal
Que lo llevó a lo profundo del mar
Su barca arrastraba un cisne
Ese cisne blanco era la Dama del Lago
Ese día que se llevó a Galahad
El perro negro se mordió y aulló mas que nunca

El Norte y el Sur
Son la cabeza y la cola del perro negro
Cuando venza uno
Morirán los dos
Eso es el Apocalipsis
La última batalla

El primero que vea la Meca
Matará a su hermano que venga después
Pero ninguno sabe
Que ninguna tierra es santa

El Cielo es un poema creado
Y quemado en Alejandría

Si me dan tiempo lo escribiré
Lo acabaré donde la noche termina

El Infierno es un poema creado
Y quemado en Alejandría

A ese ya lo he escrito

La poesía es locura
Y yo estoy loca rematada

Jamás oí aullar tan tristemente
A un pobre perro
Me recuerda a un hermano filósofo
Que encontrando una falla en su teoría
Se desgarró a sí mismo y se mató
Él era muy joven
Pero es que la juventud es algo muy viejo
La juventud es la locura
Y yo estoy loca y amo
Pero prosigo

Para algunos, el perro sigue aullando
Para ellos hay esperanza
Aunque sean malos
Todavía pueden ser buenos
Pero para otros
El perro ha muerto
Para ellos no hay salvación posible
En verdad el perro agoniza

Escribo un poema que se llama Cielo
Ayer escribí un poema que se llama Infierno
Los dos me queman las manos
Son iguales sus estrofas
Igual el número de sus versos
En los dos se nombra a Francesca
Pero en uno ella se quema
Y en el otro es feliz
En los dos se nombra a Nausícaa
Pero en uno ella queda sola
Y en el otro no

Es que el Infierno es el único poema
Que laboriosamente escribieron todos los poetas
Hasta mí. Los hombres odiaron a Francesca
Y mataron a Lancelot
Y violaron las justas razones de Helena
Y admiran la fuerza de Aquiles
Mas que el valor de Héctor
Los hombres dieron a Ginebra como esposa
Al único hombre que era incapaz de amarla
Son las cosas que ocurren en el Infierno
El infierno creó el Océano
Que me separa del único hombre
Al que daré este poema para que lo queme
Que es lo mismo que ofrecerle toda Troya
Para que arda nuevamente
Es que el amor es la locura
Y yo estoy loca rematada

El cielo es una locura
Que suponen los hombres
Sin atreverse a vivirla
Pero es que el valor es la locura
Y la poesía es la locura
Y la guerra es la locura
Y el Cielo es la única de todas las locuras
Que vale la pena amar
Porque una mujer que no es capaz de amar
A un hombre que hiere con sus ojos
De izquierda a derecha su rostro
No merece llamarse mujer
Y un hombre que no sabe morir
Por Helena de Troya
O prefiere el fuego de su hogar
A las lejanas playas de Nausícaa
No merece llamarse hombre

Y solamente una mujer tiene en sus manos el Paraíso
Y nadie más que una mujer
Puede escribir el Cielo

.1997-Paula Ruggeri

lunes, 26 de agosto de 2019

La Rosa Encarnada

"Deja de escribir mariconadas con referencias literarias". Arturo Pérez Reverte

De las tres frases que con los editores de Rúcula Libros elegimos para la contratapa de mi primer libro de poesía, elijo esta de Pérez Reverte. Pueden preguntarse por qué, sin duda lo harán.
Yo pienso en los escollos y las monstruosas sirenas, del viaje poético ( en una carta del mismo personaje tengo escrito de su puño "envíame todo cuánto escribas. Me encanta leerte. Y nunca se sabe".)
Bueno, ahora es fácil saberlo, por eso quiero transmitirlo. No voy a a decir "no hagan caso de las sirenas", eso es imposible.
Sólo no se arrojen al vacío.Lloren si es inevitable, pero el sueño de Itaca se puede concretar, persíganlo.
Mi sueño de Itaca se llama La Rosa Encarnada.
Su contratapa contiene otras dos frases, mucho más agradables.
Una es la siguiente:
"La Rosa Encarnada es una bruja"- Matteo Belli
"Puro Zoroastro, instinto persa, sadismo angelical en plena metástasis"-Pablo A. G. Ferro
No hay que decir que en mi vida de poeta ambos comentaristas son influencias positivas, viento benigno que me acercó a uno de mis muchos puertos.
Por cada falso rostro de oscuro plumaje de ave, por cada Serpiente Emplumada, aparecerán muchos más amigos, más voces de aliento, más auténticos colaboradores.
Ese es mi mensaje a cualquier joven poeta que esté leyendo estas líneas.
 Y a partir de la próxima semana, comienza en éste blog la publicación de los poemas y relatos de mi libro La Rosa Encarnada.