martes, 14 de julio de 2026

La biblioteca de Jorge Luis Borges recuperada

 El texto siguiente con su listado de libros es suficiente prueba de que la colección borgeana de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno no apareció simplemente en unas cajas, casi por azar. Fue hallada después de una búsqueda persistente, con parámetros estudiados y calculados. Con conocimiento y voluntad.

Este proyecto con su listado de libros y ubicaciones fue presentado por primera vez a Héctor Yanover, en 1995. Cada nueva gestión recibía también el proyecto insistente. La primera respuesta, positiva fue de Josefina Delgado, subdirectora, en el año 2001.

    A partir de allí, la colección siguió sumando libros, hasta la conformación de un Centro de estudios borgeanos, la vieja sede de la calle México en la ciudad de Buenos Aires.

Por mi parte, cuando vi la colección encaminada, no tardé en darme cuenta de la hermosa experiencia borgeana que como escritora tuve en silencio, sola en el escritorio de sellado, mientras lo demás se iban a la hora del almuerzo. Sola con esa letra inconfundible, buscando y explorando sin apoyo institucional. Entendiendo que a veces la literatura desparece detrás de intereses que poco tiene que ver con ella y que muchas veces el pequeño peón logra cruzar el tablero.

COLECCIÓN JORGE LUIS BORGES

NECESIDAD DE SU FORMACIÓN

 

 

No es una circunstancia común aquella que nos coloca en la posición de poseer parte de la biblioteca de uno de los escritores más importantes del siglo veinte, y guardar aquellos ejemplares que estudió en el período de su formación como escritor. Las bibliotecas personales de los escritores han sido siempre útiles a la hora de analizar su obra. Como ejemplo de esto, podemos recordar que las Lecciones de literatura de Vladimir Nabokov fueron enriquecidas luego de su muerte con las notas, a veces desordenadas y dispersas, que el propio Nabokov realizó en los márgenes de su edición del Quijote, y que éstas son estudiadas por universidades de todo el mundo.

            Jorge Luis Borges alude en toda su obra a Dante Alighieri; la Biblioteca Nacional posee el ejemplar de La Divina Comedia con el que realizó sus primeras lecturas y sus primeros comentarios.

            Entre 1968 y 1973, Jorge Luis Borges donó 156 libros. Muchos de ellos son libros que le enviaban autores noveles y antiguos alumnos admiradores de su profesor, otros son ediciones de su propia obra, más hay un porcentaje llamativo de libros que formaron parte de su propia biblioteca, y de cuyo estudio son prueba los trazos inconfundibles de su puño. El motivo por el cual los donó permanecerá para nosotros incierto, pero tal vez no sea equivocado pensar que quiso que esos ejemplares y esos comentarios nos fueran útiles hoy a nosotros, y no es descabellado pensar que ellos contienen una Cifra o un conjuro: tratándose de Borges, podemos abrigar esa seguridad.

            En términos puramente literarios o metafísicos (y como es sabido el universo borgeano impide establecer una diferencia entre la metafísica y la literatura), para hallar la Cifra o interpretar el sentido exacto del conjuro precisamos de todas las piezas del enigma y de todos los términos del silogismo.

            En términos bibliotecarios, se impone la creación de una colección, formada por todos esos ejemplares comentados, cuyo resguardo en el tesoro de la Biblioteca garantice su disposición a los investigadores y estudiosos de la obra y la personalidad de Borges.

 

 

 

CARACTERÍSTICAS DE LA COLECCIÓN

Para desarrollar esta colección de perfil particular dentro de los fondos de la Biblioteca, no es necesario disponer de recursos extraordinarios, pudiéndose preparar con un mínimo de personal y material, del que la Biblioteca ya dispone.

            Las tareas a realizarse serían:

• Ubicar el material donado por Borges.

• Seleccionar el material pertinente: comentados, citados por Borges, etc.

• Asignarles una nueva ubicación y modificar el registro en la base de datos.

• Realizar resúmenes en dos niveles. En el primero, que será incluido en el registro, se informa brevemente sobre las características particulares del ejemplar. En el segundo, que no necesariamente será incorporado al registro de la base de datos, se hará un análisis de las anotaciones de Borges y del significado del libro en su obra.

 

 

 

OBJETIVOS

 

El objetivo principal de la creación de la Colección Borges es cubrir una carencia de la Biblioteca, ya que, a pesar de que lo contó como su director siendo un escritor de trascendencia internacional, no existe un reconocimiento concreto a su labor intelectual por parte de la institución. Contar con el material bibliográfico en los fondos de la biblioteca abre posibilidades que no merecen ser desaprovechadas, pudiéndose constituir una colección de trascendencia con un mínimo de recursos que convierta a la Biblioteca en referente para los estudios borgeanos.

 

 

 

Paula Ruggeri

 


LISTADO DE OBRAS

 

La siguiente es una selección de los libros que fueron donados por Borges. Esta lista no es un catálogo, sino que ofrece los datos mínimos necesarios para la ubicación de los libros.

 

Reynold, Gonzagne de. Le monde barbare et sa fusion avec le monde antique, v. 5: les germains.

Ubicación: S2AI 22 4 4 13

Buddhism and zen.

Ubicación: S2AJ 29 1 1 33

 

Lin Yutang, comp. The wisdom of Lao-Tse.

Ubicación: S2AJ 27 4 3 58

 

Marthe, Constant. Le poeme de Lucrèce: morale, religion, science.

Ubicación: S2AJ 31 1 1 2 6

 

Diccionario de hebraísmos y voces afines. Schelman, Lázaro, 1952.

Ubicación: 809.24(038) S15 REF

 

Myths after Lincoln. Lewis, Lloyd, 1940.

Ubicación: S2AJ 26 3 2 22

 

Dostoievsky, Fedor. Crime and punishment.

Ubicación: S2AJ 28 2 4 42

 

Virgilio. Eglogues; Georgics; Aenids.

Ubicación: S2AJ 34 1 3 93

 

Lucrecio Caro, Tito. On the nature of things.

Ubicación: S2AH 54 1 4 20

 

Ruggiero, Guido de. La filosofía del cristianesmo delle origini a Nicea.

 

Ford, Boris. The Pelikan guide to English literature: v. 1, The age of Chaucer.

Ubicación: S2CF 11 1 2 26

 

Ford, Boris. The Pelikan guide to English literature: v. 2, The age of Shakespeare.

Ubicación: S2CF 11 1 2 27

 

Van Doren, Carl. The American novel.

Ubicación: S2CF 11 5 3 19

 

Elliot, T. S. The family reunion.

Ubicación:: S2CF 14 1 5 15

 

Boas, Frederick. An introduction to Stuart drama.

Ubicación: S2CF 14 5 1 35

 

Buber, Martin, comp. Ten rungs: hasidic sayings.

Ubicación:: S2CF 14 3 5 27

 

Approches de l’Inde: textes et études.

Ubicación: S2CF 14 5 1 20

 

Jordan, John E. Thomas de Quincey, literate critic: his method and achievement.

Ubicación: S2AJ 23 1 3 08

 

Lowric, Walter. Kierkegaard.

Ubicación: S2AJ 23 2 5 6 2

 

Ruggiero, Guido de. La filosofía moderna, de Vico a Kant, v.3

Ubicación:: S2AJ 27 2 1 40

 

Haya Kawa, S. I. Language in action.

Ubicación: S2AJ 26 4 1 32

 

McDonald, George. Phantastes, a faerie romance.

Ubicación:  S2AJ 26 3 5 40

 

Ruggiero, Guido de. La filosofía moderna, l’etá cartesiana, v. 1

Ubicación: S2AJ 27 3 3 46

 

Mencio. The book of Mencius (abridged)

 

Rossi, Mario. Gusto filológico e gusto poetico: questioni di critica dantesca.

Ubicación: S2AJ 27 3 5 42

 

Colvin, Sidney. The letters of Robert Louis Stevenson.

Ubicación: S2AJ 28 5 1 50

 

Mill, R. D. F. Pring. Los calderonistas de habla inglesa y La vida es sueño: métodos del análisis temático estructural.

Ubicación: S2AJ 28 5 5 01

 

Tillyard, E. M. W. Five poems (1470-1870: an elementary essay on the background of English literature.

Ubicación: S2AJ 29 1 4 5 1

 

Bréhier, Emile. La philosophie du mogen age.

 

Nicoll, Allardyce. British drama: an historical survey from the beginnings to the present time.

Ubicación: S2AJ 29 5 1 2 3

 

Melville, Herman. Moby Dick. New York: The Modern Library, 1926.

 

Herodoto (et al). Greek historical thought: from Homer to the age of Heraclius.

Ubicación: S2AJ 29 5 4 3 2

 

Russell, Bertrand. Human knowledge: its scope and limits.

Ubicación: S2AJ 29 5 4 1 2

 

Miller, Penny. The raven and the whale: the war of words and wits en the era of Poe and Melville.

Ubicación: S2AJ 30 1 4 2 6

 

Lewis, C. S. English literature in the Sixteenth century, excluding drama.

Ubicación: S2AJ 30 2 3 24

 

Houghton, Leighton. In the steps of the anglo saxons.

 

James, Henry. The spools of Poynton: with a London life, the chaperon

Ubicación: S2AJ 30 4 1 47

 

Knights, L. C. Explorations: essays in criticism mainly on the literary of the seventeenth century.

Ubicación: S2AJ 30 4 4 19

 

Navarro Monzó, Julio. La actualidad filosófica de Jacobo Boehme.

Ubicación: S2AJ 30 4 3 09

 

New directions in prose and poetry.

Ubicación: S2AJ 30 5 1 20

 

Ajman, Soheil. Avicerna, his life and works.

Ubicación: S2CF 12 3 2 29

 

Filón, Augustine. Recollections of the empress Eugenie.

Ubicación: S2AJ 30 5 2 08

 

Shelley, Godwin and their circle.

Ubicación: S2AJ 30 5 5 54

 

Cosmo, Umberto. Guida a Dante.

Ubicación: S2AJ 30 5 3 29

 

Montaigne, Michel de. The essays, v. 3.

Ubicación: S2AJ 31 1 2 03

 

Graves, Robert. Jesus in Rome: a historical conjeture.

Ubicación: S2AJ 31 1 1 24

 

Pearce, Roy Harvey. Historicism once more: problems and ocassions for the American scholar.

Ubicación: S2AJ 31 1 4 08

 

Sandburg, Carl. Complete poems.

Ubicación: S2AJ 31 2 3 02

 

Pater, Walter. Plato and platonism: a series of lectures.

Ubicación: S2AJ 31  4 1 65

 

Clouston, T. S. Unsoundress of mind.

Ubicación: S2AJ 31 5 4 12

 

Haymater, Richard E. From Pampas to hedgerows and downs: a study of W. H. Hudson.

Ubicación: S2AJ 31 5 4 19

 

Brooks, Van Wyck. The ordial of Mark Twain.

Ubicación: S2AJ 27 4 2 35

 

Allan, D. J. The philosophy of Aristotle.

Ubicación: S2AJ 27 4 3 65

 

Baugh, Albert C. A history of the English language.

Ubicación: S2AJ 27 5 1 25

 

Mayor, Joseph B. Chapters on English metre.

Ubicación: S2AJ 28 2 6 45

 

Eckerman, Juan Pedro. Conversations with Goethe.

Inv. 107.341

 

Crane, Stephen. The red badge of courage.

Ubicación: S2AJ 28 4 4 60

 

Lonrot, Elías. Kalevala; the land of the heroes, v 1

Ubicación: S2AJ 32 3 3 27

 

Elliot, Charles. Hinduism and buddhism, v. 3

Inv. 116.582

 

Montagne, Michel de. The essays, v. 2

Ubicación: S2AI 22 3 4 28

 

Dickinson, William Croft. Andrew Lang, John Knox and the Scotish presbyterianism.

Ubicación: S2AJ 33 3 3 46

 

Rose, Herbert Jennings. Andrew Lang, his place in antrophology.

Ubicación: S2AJ 33 3 3 47

 

Bowra, Maurice. Homer and his forerunners.

Ubicación: S2AJ 33 3 3 45

 

Montagne, Michel de. The essays, v. 1.

Ubicación: S2AJ 33 4 1 05

 

Hume, David. Philosophical works.

Ubicación: S2AJ 33 5 3 05

 

Longfellow, Henry Wordsworth. Poetical works.

Ubicación: S2CN 11 3 4 23

 

 

jueves, 11 de junio de 2026

Mi libro La Cifra Adversa: un adelanto

 

PROLOGO A LA CIFRA ADVERSA

 

Para referirme a estos cuentos de fantasía, tengo que decir que han sido también experiencias, lo cual puede resultar extraño. Fueron escritos casi siempre de madrugada y muchas veces oyendo el canto del zorzal. Algunos de ellos, como El Diablo enamorado o La sangre de Cristo se foguearon con la temperatura propia de los mitos y relatos artúricos, pero con esos recursos de la prosa a los que solo la poesía puede apelar.

                Los fantasmas también aparecen en estas páginas, y lo curioso de escribir estos cuentos fue que por momentos las palabras fluyeron de una manera extraña y satisfactoria. Casi, casi, como si los hubiera dictado un fantasma.

                El breve relato La cifra adversa merece un párrafo aparte. Cuento borgeano (deliberadamente) sobre un personaje histórico que me resulta fascinante, Pico della Mirandola. Fue escrito en una oficina de una biblioteca mientras yo trabajaba, justamente, con la biblioteca personal de Borges. Está inspirado por su letra, sus citas, su universo. Pero con un protagonista, maestro del humanismo salvaje renacentista, que siento muy propio de mi narrativa.

                Los mitos son un alimento frecuente en estos relatos donde leyendas guaraníes se emparentan y dialogan con personajes homéricos, antiguas voces convocadas, viejos árboles que siempre reverdecen y pájaros enamorados de una flecha.

                La Fantasía puede expresar el amor como conflicto, la muerte desgarradora, las heridas de combate, entre página y página y propone un orden ficcional al azar. Así la figura escurridiza de una ondina acompañará en este libro de cuentos como la oscura figura de un zombi, poetas que siguen escribiendo desde la tumba y por supuesto una bruja, y cuando no, el diablo.

                De niña tuve un libro de los Hermanos Grimm, sus Cuentos de Hadas. Tal vez, realmente, hada signifique fata, destino en latín. Cuentos de destino. Desde esa lectura de asombro a mis siete años hasta este libro han pasado largos años, de lectura, escritura y experimentación.

                Bienvenidas las hadas y los cuentos.

               Para quienes deseen adquirir el libro, este es el link

               La Cifra Adversa, Paula Ruggeri | MercadoLibre

viernes, 8 de mayo de 2026

El bar de Luca

 La letra de La rubia tarada, canción de Sumo, lo deja claro. Dice entre otras cosas: "Basta, me voy, rumbo a la puerta/ y después al boliche a la esquina/ A tomar una ginebra con gente despierta/ Esta sí que es Argentina/ Una noche en New York City."

El tema era cantado por Luca Prodan (1953-1987) con un tono entre potente e irónico. Personalmente tengo una admiración triste por Luca, sobre todo por esta frase que dijo en una entrevista. "la heroína es el paraíso, pero no se puede vivir el paraíso sin morir". La New York City a la que se refiere es la clásica discoteca de la Av. Alvarez Thomas.

La conocí de la puerta para afuera, jamás entré. Estaba muy llena de pseudo-punkitos de Belgrano, además de rubias que gastaban en la peluquería.

    Yo siempre preferí el bar de la esquina. Sí, el mismo de la "gente despierta". El boliche a la esquina donde Luca tomaba ginebra. Pero empecé a ir a escribir a ese bar en 1988, un año después de la muerte de Luca.

    El bar, que tenía una sola luz amarilla, ocupaba toda una esquina. Tenía un solo camarero, que se tomaba todo con mucha calma. El ambiente era variado: enfrente la discoteca, con un público de rubias y hombres encajados en Fiorucci, un prostíbulo a una cuadra, con sus jóvenes mujeres y clientela, además los obreros de una fábrica cercana. Y una adolescente entusiasmada por la escritura.

Los viernes a la noche entre las diez y las doce de la noche ocupaba una mesa del bar en ebullición y escribía una novela existencialista que todavía guardo en un cuaderno de espiral. La extraña mezcla de ambientes me inspiraba, los pseudo-punkitos enfundados en Fiorucci comiendo una hamburguesa o compartiendo la barra con un obrero que tomaba una ginebra, o las trabajadoras sexuales caminando entre las mesas donde conversaban rubias con caras conchetas.

Y yo, en una mesa de ese boliche a la esquina. Que tal vez alguna vez ocupó Luca Prodan.

lunes, 27 de abril de 2026

Mi libro La Cifra Adversa

 Durante veinte años escribí una serie de cuentos fantásticos, cuentos que están entre los más queridos, los más sentidos, que he escrito. Dos cuentos de fantasmas, que escribí a los treinta años, con tanta fluidez que sospeché que me los había dictado un fantasma. Cuentos, como El diablo enamorado y La sangre de Cristo, que crecieron al fuego de los viejos poemas del ciclo artúrico, y con esos recursos de la prosa a los que solo la poesía puede apelar.

        Los cuentos fueron escritos casi como experiencias, y con rigurosas, pero elásticas, estructuras narrativas. En la hora del canto del zorzal, en la madrugada de Barrio Samoré, los mitos y leyendas son un alimento frecuente. Un pájaro se enamora de su flecha, un hada maléfica diferente, un diablo femenino, un bosque tenebroso, habitado por el Lobo.

    El relato La cifra adversa, merece un párrafo aparte. Cuento borgeano, sobre un personaje histórico que me resulta fascinante, Pico della Mirandola. Fue escrito en una oficina de una biblioteca mientras yo trabajaba, justamente, con la biblioteca personal de Jorge Luis Borges. Está inspirado por sus citas, su letra, su universo. Pero con un protagonista, maestro del humanismo salvaje renacentista, que siento muy propio de mi narrativa.

De niña tuve Los Cuentos de Hadas de los hermanos Grimm, Quizá realmente hada signifique fata, destino en latín. Cuentos de destino. Desde esa lectura del asombro a mis siete años hasta este libro han pasado largos años, de lectura, escritura y experimentación.

Bienvenidas las hadas y los cuentos.

La Cifra Adversa, Paula Ruggeri | MercadoLibre


domingo, 19 de abril de 2026

Dani

 Hace treinta y seis años, la madrugada del 19 abril de 1990, me tomé un colectivo 50.  Yo iba con contracciones cada cinco minutos rumbo a la Maternidad Sardá. Tenía 19 años y me acompañaba mi madre. Había, si, una persona ausente, evidentemente un imbécil. No vale la pena mencionarlo más.

    En el colectivo, repleto de trabajadores dormidos, nadie quería ceder un asiento para una embarazada con trabajo de parto. Cuando años después escribí mi novela El jardín de las delicias, ubiqué el viaje de Ulises al infierno dentro de un colectivo.

    El chofer dio una brusca frenada e hizo señas a un taxi. Con el taxi llegamos pronto a la Maternidad Sardá.

    Mi recuerdo de esa institución es difícil de definir. Para el trabajo de parto dejaban entrar a maridos y parejas, pero no a las madres de las embarazadas. Mi madre tuvo que darle dinero a una enfermera, que la dejó estar solo cinco minutos conmigo.

La nota de color la puso un libro que yo había manoteado de la biblioteca antes de salir de casa. Los que me conocen se reirán al leer el título: Guerra colonialista franco argentina 1838-1840.Libro furiosamente rosista escrito por un francés, Theogene Page. Todavía lo conservo y guarda unas hojas con las notas de una Paula de diecisiete años.

Bueno, las contracciones se redujeron a dos minutos y con celeridad a un minuto.  El libro, que no abandonaba, confundía a las obstetras.

Esta historia no es final sino un principio. Las peripecias son los condimentos de una historia ¿de aventuras? Puedo asegurar que me creía D'Artagnan.

Dani, mi hermosa hija, lleva el nombre Daniela por una canción que dice "pinta un mundo nuevo dentro de mí."

Ella y su hermano Ger, nacido dos años después, son una gran compañía para una madre escritora. Recuerdo sus ojos asombrados cuando les leía Canción de navidad, un invierno en Samoré a la luz de las velas o a una pequeña Daniela con fiebre oyendo La muerta enamorada de Théophile Gautier.

Hoy Dani es la autora de varios libros de historieta, ambientados en Barrio Samoré, en un Barrio Samoré mágico que dibujan sus manos. Y en la casa que comparte con su esposo Fede, tienen una biblioteca admirable y una gata que se llama Luba.

 


lunes, 23 de febrero de 2026

DUMAS Y YO

 


Alejandro Dumas es mi infancia, el sol en la cara, las fantásticas lecturas en el jardín de una casa de Villa Urquiza, en la ciudad de Buenos Aires, mi ciudad. Descubrí Los tres mosqueteros a los nueve años en una edición barata de Sopena, que aún conservo, pero que no me pertenecía: era de mi hermano Andrés, unos años mayor que yo y dueño de una no tan pequeña biblioteca de clásicos.

                Esa niña que fui era una lectora adicta y fantasiosa, soñaba con Artagnan, Athos, Porthos y Aramis, con la esgrima y las aventuras, las intrigas de Constanza Bonacieux y el alma de poeta de la vengativa Milady.

“Vos sois joven y vuestros recuerdos aún tienen tiempo trocarse en dulces” Dice Athos a Artagnan. Esas últimas páginas sentí una tristeza desoladora y algo así como un vacío. Soñaba con que ese libro prosiguiera eternamente.

 Por ese motivo, abrí el libro por la primera página, dispuesta a vivir la aventura una y otra vez.

                Lo sigo haciendo. La construcción narrativa más fabulosa dota de vida a los mosqueteros cada vez que abro las viejas tapas. Artagnan siempre será la mejor cabeza de los cuatro, Athos siempre se hundirá en profundas cavilaciones y Porthos siempre será el hermoso Porthos. Aramis, por su parte, recibirá misivas de Tours, por siempre. La maquinaria hecha de vida, sentido del humor y sangre vuelve a funcionar, cada vez que abro esas tapas.

                En mi vida personal, en mi forma de vivir la amistad, en mi vida afectiva, los mosqueteros gravitaron siempre. Cuando a los dieciocho años quedé embarazada, repentinamente sola con mi decisión de ser madre, no podía dejar de pensar, quizás absurdamente, que Artagnan llegó a París a la misma edad. Y eso me daba valor. Y cuando escucho palabras imbéciles, aún hoy, sobre mi maternidad, algo así como una espada imaginaria aparece en mi mano y una sonrisa irónica en mis labios.

                Tal vez tenga que perseguir al misterioso hombre de Meung hasta el fin de mis días, no lo sé.

                Mientras, escribo estas líneas entre muchas otras. Y mientras, también escojo un tomo de Mis memorias, de Alejandro Dumas. Luis Pestarini me llamó un día desde Madrid y me preguntó si las tenía. Unos días después en Buenos Aires me entregó cuatro tomos rojos encuadernados en cuero. Sin duda el mejor obsequio que recibí jamás.

                 Unos días después de recibir los tomos de manos de Luis, conozco en la librería Yenny del Patio Bullrich a Arturo Pérez Reverte, autor del Club Dumas entre otras obras. Tuvimos una charla sobre los mosqueteros y luego el escribió sobre esa charla un breve cuento llamado La novia de D’ Artagnan.

 Ojalá existiera Ruritania es una frase de ese cuento y por supuesto es mía. Cuando leí El prisionero de Zenda, de Anthony Hope, en la querida colección Robin Hood, enloquecí con ese país de ficción que creí real. El castillo de Zenda, y todo ese maravilloso viaje de fantasía me conquistaron.

Todavía hoy suspiro, ojalá existiera Ruritania.

Siguiendo con Dumas, lo que más me fascinó de la lectura de sus Memorias fueron sus recuerdos de sus amigos actores y en particular actrices. Sabiendo que no quedaban registros de la actividad teatral, en cuanto a las interpretaciones, Dumas dedicó buena parte de esos cuatro tomos a recordar con profundo cariño a actrices como María Dorval. Dorval fue fundamental en sus primeros éxitos, cuando fue la primera actriz en aceptar el papel de Adela en la tragedia Anthony. (También cuenta Dumas que tomó su inspiración del gitano de Ivanhoe, de Walter Scott, para el personaje de Anthony).

Queridos amigos españoles me regalaron ediciones de los mosqueteros, algunas bellísimas.

Un 14 de julio me hice tatuar en el brazo izquierdo una Fleur de Lys. La marca de Milady de Winter.

                Por fin, hoy, en una preciosa caja de madera, tengo guardado ese viejo ejemplar de Sopena, el histórico, como lo llamó Andrés antes de regalármelo. Cuando veo es pequeño libro de tapas verdes, siento algo, parecido a la felicidad.

Y sé que mis amigos, los mejores, están entre esas tapas.

 

               

               

 

 

               

lunes, 1 de diciembre de 2025

La bruja y el cálculo integral

 

A mis veinticuatro años, trabajaba en la Biblioteca Nacional. Con dos hijos me interesaba muchísimo conservar la fuente de trabajo, sin embargo, se me iban los ojos por esos libros que ingresaba cada día. No debería haber sido un problema leer en una biblioteca.

 ¡No te pagan por leer! Atronaba una bibliotecaria llamada Beatriz que era jefa del área.

Pero yo leía igual. Y a cuánta gente brillante (no como esa bibliotecaria medieval y oscura), a cuánta gente brillante conocí gracias a esas lecturas.

Una tarde ingresó a Procesos Técnicos de Libros una obra en once tomos: las Obras completas de René Descartes, que incluían al menos cuatro volúmenes de correspondencia. Yo había escrito una vez una monografía sobre Descartes, tenía muy presente su filosofía y el brillante desarrollo de su Cogito, ergo sum.

                Así que me dispuse a leer esa correspondencia en las horas del almuerzo.

Muchas de esas cartas son célebres y han sido justamente reeditadas. Hay una incluso, escrita por un Descartes de 23 años, dónde cuenta un sueño que siglos después fue analizado por Freud (dónde René menciona un poema llamado “El sí y el no” de Pitágoras, entre otras oníricas preocupaciones)

Pero hay entre las cartas un desafío, escrito por un sacerdote jesuita, poco o nada citado, que me llamó poderosamente la atención.

El sacerdote preguntaba al famoso autor del Discurso del método, si en el infinito hay más toesas que leguas. (La toesa es una antigua unidad de longitud francesa que corresponde a seis pies franceses. Una legua parisina equivale a 2000 toesas).

                Por esos años discutí el tema con Arturo Pérez Reverte, escritor, español y autor de novelas de enigmas, entra otras. Cuando le plantee el problema mencionó a Zenón de Elea, el problema de Aquiles y la Tortuga y los ensayos de Jorge Luis Borges en el libro Discusión.

También me recomendó el libro Godel, Escher, Bach, de Douglas Hofstadter

Fue un buen aporte que rodeó el problema, pero yo seguí con mis preguntas y mi carta del jesuita, ya que entendía que este problema de las toesas no cuestiona, como el de Aquiles y la tortuga, el movimiento.

Conozco entonces a Jorge Pérez Romero, físico. Corría el año 1998. Estábamos con Luis Pestarini en su departamento de la avenida Córdoba y eran alrededor de las 20 horas. Pérez Romero conversaba con Luis y conmigo. Sintiendo que el derrotero de la conversación habilitaba las preguntas, plantee una vez más mi problema cartesiano de las leguas y las toesas.

— ¿Cómo lo responde Descartes? — pregunta Jorge.

— Responde qué no es posible pensar con medidas a un espacio ilimitado, dije.

 —Raro dijo Jorge—Muy raro. Porque ese problema no se puede resolver con palabras. Es un problema matemático. No se resolvió hasta el siglo XVII, cuando Newton y Leibniz desarrollaron el cálculo integral, cada uno por su cuenta.

Ahora llegó el momento de decirlo: tengo discalculia. A lo largo de mi vida escolar, fui considerada casi una infradotada. Tanto profesores como maestras dudaban sobre qué era lo que ocurría conmigo. Nadie entendía por qué empezaba normalmente un cálculo y lo terminaba en resultados totalmente extraordinarios y totalmente equivocados. ¿Cómo llegaste a este resultado?, es una pregunta que durante años me resigné a oír. Sin respuesta por mi parte, terminé en mesa de examen una y otra vez. La matemática para mí era oscuridad, pero una oscuridad que una y otra vez intentaba iluminar.

A pesar de eso, ahí estaba, tratando de entender el cálculo integral, la relación entre toesas, leguas y el infinito y el problema de Aquiles y la tortuga. Y aunque parezca mentira, conseguía entender algo.

                Aun cuando Descartes no arriesgó una respuesta matemática al problema, al menos en su correspondencia con el sacerdote malicioso, tenía razón en que el Infinito expresa la anulación de las medidas. O su carencia de sentido en el infinito.

Por suerte existe Silvie.

Ingeniera, profesora de matemática y amiga. Ahí estaba yo otra vez con mi problema, toesas y leguas y la pista de Pérez Romero, el cálculo integral.

Silvie, comprensiva, un poco compasiva también, desplegó una hoja de papel cuadriculado en esa mesa de bar y explicó a Newton y Leibnitz durante un rato largo, con signos y deducciones que yo solo creía que entendía.

Pagué los cafés, cerraban el bar y en la parada del 101 a Barrio Samoré, se me ocurrió este cuento, o quizás me sucedió.

NACERÁ UNA BRUJA

 

Un día nació una bruja y fue tan grande el terror a perecer aferrados a su talle ondulante como aquel otro temor antiguo a perder la vida por el canto de las sirenas. Pero las sirenas daban su vida en el canto y no pretendían más que se la devolvieran en su justo valor.

Esta bruja tuvo que decir un último enigma y confiar al destino su solución, atados sus brazos y piernas a un tronco, con el que fue quemada.

                Ella pronunció en un susurro: “Nacerá de mis cenizas una bruja que no os atreveréis a quemar.”

                Vientos desatados llevaron sus cenizas.

En una tierra cercana nació una mujer. Temiéndola, el padre la encerró en lo alto de una torre. Sólo la lluvia entraba por la ventana tan alta. Y llegó el día en que un rey enemigo asaltó el castillo. El castillo ardía y la joven no pudo esperar más auxilio que el de la tormenta. Pero con la tormenta llegó un caballero y la rescató.

Pensó en tomarla de esclava. Pero la mujer, la hija de la bruja que había perecido en las llamas, le contó su historia.

“Amo la tormenta” dijo ella y calló. El caballero se sintió incapaz de la cobardía. Tuvieron hijos e hijas.

Las hijas heredaron el antiguo poder de las cenizas y tuvieron otras hijas.

Una de esas hijas escribió esta historia con el fin de que las hijas dispersas se sepan hermanas y de que los hombres recuerden su poder, que resulta de la unión del conocimiento y la poesía, de la inteligencia y el valor, del leer en la armonía celeste que existen más límites que los finitos.

                Un día nacerá una bruja.

 

 

 

 

jueves, 7 de agosto de 2025

Dumas y la revolución del pantalón

 

La revolución del pantalón y el modo de vestir, según Alejandro Dumas

Paula Ruggeri

 

Alejandro Dumas, autor de Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, francés y afrodescendiente, era apodado El Gigante. De alta estatura, pelo ensortijado y ojos azules, era un hombre que no pasaba desapercibido en la París de su tiempo. Su contexto fue el convulsionado siglo XIX, lo que nos habla del final del Imperio napoleónico y distintos gobiernos franceses cruzados por rebeliones y guerras.

Pero en Mis Memorias, donde narra sus recuerdos, le da un lugar singular, y muchas páginas, a una revolución en especial: la revolución del pantalón y a la influencia de lo que él mismo llama “el modo de vestir”.

Los hombres franceses seguían en materia de modas a un inglés, George Beau Brummell, el prócer histórico de los dandys. La manera de vestir del dandy inglés seducía a los caballeros parisinos, que lo imitaban con gusto. Las armas de la guerra que tantas veces enfrentaron a los dos países se deponían para cuestiones de moda. También el talento de los sastres británicos para el velarte de lana (una tela que se adaptaba a la figura y permitía una mejor confección de los trajes masculinos) contribuyó a esta influencia.

Los caballeros abandonaron con gusto las calzas en su atuendo y adoptaron el pantalón inglés. El cambio de siglo XVIII al XIX se nota mucho: los hombres ya no portan espadas al batirse a duelo sino pistolas, ya no usan calzas sino pantalones. Pantalones sobrios y estilizados usaba Brummel, también los usaba el duque de Wellington, vencedor en Waterloo. La moda inglesa llega a París antes de la derrota de Napoleón en 1815 con la influencia de Brummel, la moda francesa también llega a Londres, en un intercambio que aprovecha los breves períodos de paz. Los gustos en las dos orillas se comercian y dialogan a pesar de la guerra.

Dejando a Napoleón y Wellington atrás, pero no a los pantalones, en 1818, un Alejandro Dumas adolescente, sensible y preocupado por su apariencia, vivía las cuestiones de moda con interés y las calzas que aún llevaba eran para él un verdadero conflicto. Había observado a los jóvenes parisinos que pasaban por su pequeña ciudad, Villers-Cotterêts, usando raros, pero elegantes pantalones.

En su autobiografía Dumas dedica muchas páginas a hablar de calzas, levitas, chalecos, pantalones.

Mis Memorias son cuatro extensos tomo de recuerdos sobre teatro, vivencias y modas. Entre esos recuerdos, Dumas se detiene en narrarnos una fiesta en Villers-Cotterêts, la ciudad pequeña de la región francesa de Picardía donde nació. Había un baile con elegantes invitadas e invitados de París. Para el joven Dumas era su primer baile, que relata con gracia en su autobiografía. La ansiedad previa lo llevó al arcón familiar a probarse todos los ropajes de la familia. El arcón contenía los trajes de corte y los uniformes militares del general de Napoleón Bonaparte Thomas Alexandre Dumas, su padre ya fallecido. Los trajes, de suntuosas telas, le quedaban grandes aún.

“Había allí con qué satisfacer al vanidoso más exigente, desde la chaqueta de satén hasta el chaleco rojo bordado en oro, desde la calza de paño hasta el pantalón de piel”.

Todavía esa ropa lujosa de corte no era para él. Entre suspiros recuperó su traje de comunión.

Había crecido desde la comunión, sus largas piernas se veían ajustadas con las calzas de niño y la levita se veía mucho más corta. La ancha espalda se rebelaba y Alejandro se sentía inquieto dentro de las costuras. Mirándose en el espejo se vio como un niño enorme. Se dijo a sí mismo que, pese a todo, necesitaba ir a ese baile.

“En esa época, la calza era llevada solo por los obstinados y los obstinados que llevaban calzas pertenecían, casi todos, al siglo pasado, resultaba, pues, que yo, casi niño, que habría estado muy bien con un cuello bajo, chaquetilla redonda y pantalón, iba vestido como un anciano anacrónico… yo me ruborizaba a cada paso “.

Tenía que acompañar a dos jóvenes damas por recomendación de un viejo sacerdote de su pueblo y el raro deber hizo soñar al imaginativo futuro novelista. Y se aguantó las calzas y la levita de la comunión, llegando al baile acompañando a dos jóvenes mujeres.

En la fiesta se avergonzó con un joven elegante que se burló de su traje. Dumas comprobó con desaliento que todos los hombres llevaban pantalones. Pero en su desazón reparó en una zanja bastante ancha que limitaba el terreno del baile.

Despechado, le dijo a una de las jóvenes: Voy a saltar la zanja y apuesto que esos hombres no pueden hacerlo.

—¿Y para qué lo harían? —dijo la bella parisina con indiferencia.

Alejandro se sintió herido doblemente en su orgullo. Corrió, convencido de lograr la hazaña que se había propuesto e impresionar a la dama, y saltó la zanja. “Cuando caí, se dejó oír un siniestro sonido y una impresión de aire hirió la parte posterior de mi persona”: se le había descosido la calza y su vergüenza fue tanta como el orgullo que había sentido antes de saltar.

“Yo no podía volver con mi hermosa parisina, ni entregarme con ella al menor ejercicio coreográfico ante tamaño accidente, no podía decirle lo que acababa de ocurrirme ni pedirle permiso para ausentarme por media hora. Resolví, pues, marcharme sin decirle nada.”

El relato de Mis Memorias concluye en que corrió a su casa a que su madre remendara las calzas y volvió al baile. Pero no sin considerar que un par de pantalones de buen corte y excelente tela podían ser, tal vez, el pasaporte social que necesitaba. Según dice en Mis Memorias, consideró que el modo de vestir es fundamental y así lo plasmó en el elegante Aramis, el caballero Athos y el vanidoso Porthos y por supuesto en la bella Milady de Winter, y también en otros muchos personajes de su autoría.

“Por la indumentaria de un hombre, se podía formar, al primer golpe de vista, una idea de su inteligencia, de su ingenio o de su corazón”, Alejandro Dumas.