lunes, 19 de junio de 2017

El Dragón que devora los caminos

La campera negra, los vaqueros en los hombres y las calzas ajustadas como medias en las mujeres. Bolsos, mochilas, carteras las menos. Rostros agotados. De los ancianos a los adolescentes, todos tienen ojeras marcadas de dormir menos de lo que necesitan, y una mirada de no mirar nada.
Se acomodan como pueden, pero no hay comodidades. Son pocos los asientos para la cantidad de personas que el chófer hace subir al colectivo.
 A veces la gente tapa las puertas. A veces quedas casi encima del chófer y ese volante que frágil dirime tu destino y el de los demás, accidentales compañeros de ruta.
Todos llevan los auriculares puestos. Muchos viajan mirando sus teléfonos celulares. Se aíslan, apretujados por la multitud y a veces el interlocutor etéreo que de la nada les habla, les arranca una carcajada.
No están en las películas. Las ficciones se ocupan poco de ellos.
Son una multitud. Son muchas personas, de una en una, librando su batalla personal.
A veces alguien canta en voz alta. 
Hoy en un colectivo 25 atestado de gente, un hombre que vivía su locura personal de forma pública, cantaba desafiando unos versos propios que se repetían una y otra vez:
"Hoy es un bello día."
Es que no era un loco. Y ese no era un colectivo 25. Y esos no eran madrugadores yendo al trabajo.
"Es un bello día"_ Canta el juglar, y las damas y los caballeros, valientes y compuestos, miran sus celulares mientras el Dragón que devora los caminos los lleva a la Batalla.


viernes, 16 de junio de 2017

Niño que lloras

Acabo de verte en tu foto, niño llorando, golpeado brutalmente. Ciudad grande, no importa cual, robaste un teléfono con tu manito pequeña y las manos grandes y adultas te dieron su crueldad.
Gente de pueblo grande. Gente que gusta de llamarse "la gente" y "vecinos".
Gente cruel y estúpida. Lastimaron más que tu cuerpito inocente. Dolieron tu corazón, que ya venía lastimado.
Hoy lloré inútilmente al ver tu imagen, niño golpeado por adultos sin alma. Y aunque sé que nunca leerás esto, igual, sabes que pongo mi corazón en ti.
En ti, En ti.
En mis sueños te hamacará la luna como madre amorosa de blancos brazos sin violencia.
En mis sueños sin "gente" ni "vecinos", tendrás la luna cuenta cuentos sólo para ti, cada noche antes de dormir, aunque tu cama sea una pila de cartones.

miércoles, 14 de junio de 2017

El Unicornio

LA VISITA DEL UNICORNIO

Anoche volvió. Por quinta o sexta vez consecutiva. la pregunta oscura. Anoche volvió y trajo consigo rostros que quiero olvidar..

Los Censores.

Un censor puede esconderse en cualquier lado. Un censor puede ser una maestra de escuela que tacha en rojo, una bibliotecaria que da vuelta un viejo fichero para que nadie pueda hurgar en sus rincones, un editor que escudado en oscuras razones comerciales, tan oscuras como inexistentes, te rechaza un libro y te dice que no servís para escribir...Hace años que no lo veo, recuerdo su nombre y no su cara...Si alguien que lee esto piensa cómo él, puede decirlo...claro que lo mucho escrito demostrará que escribo, ergo...escribo. La editorial que habían dejado en manos de ese censor se fundió en poco tiempo. ¿Quién puede estar tan loco de dejarle al censor, al sacerdote de las hogueras y al señor Tijeras un emprendimiento editorial?

El censor también puede ser un bestseller academizado "deja de escribir mariconadas con referencias literarias". Por supuesto, serán referencias que él no entiende.Por que ese es el censor: aquel que por no poder disfrutar de algo, no quiere que lo disfrute nadie.El censor de libros es un lector herido en el corazón de la comprensión: difusamente entiende que en ese libro, en ese poema, hay un corazón  que él apenas puede ver, un fuego cuyo calor presiente pero no puede sentir, el censor no está totalmente mutilado para la comprensión.

Está mutilado para el disfrute de la comprensión.El Eros.

 Así que tiene algo de ese cazador de aves que no puede disfrutar de la magia de su vuelo pero si puede percibir que el ave vuela: entonces dispara para verla caer.

Pero hablaba de la visita del Unicornio.

Cada madrugada que me encuentra despierta, cada noche que me pregunto para qué escribir, cada hora de insomnio en que los fantasmas de los censores aparecen mientras lucho por escribir un nuevo libro, aparece él, el Unicornio...

Tiene un solo cuerno de plata y se materializa aéreo sobre esta mesa. Es pequeño y grácil y no necesita hablar. Silenciosamente se posa sobre mi mesa, ésta dónde escribo ahora, y con su cabeza elegante y grácil revuelve un poco entre las hojas escritas.

Y me mira.

Su mirada es cálida en la noche fría y en unos pocos segundos siento ese primer incendio que sentí la primer vez que escribí un poema.

A todos nos puede visitar el Unicornio. A una escritora, a un zapatero como mi amigo Elvio, a una maestra de inglés como mi amiga Esther, a un actor como mi amigo Matteo...El unicornio nos recuerda que nunca debemos permitir que la noche o el día nos mutilen nuestro deseo de amar lo que hacemos.

 La mejor poesía es la que se vive. No tengan dudas de que si viven poetícamente aparecerán duros censores...


 Pero amando escribimos la vida con caracteres imborrables y cada línea nueva es una batalla librada a nuestro favor...con la silenciosa presencia del Unicornio...

miércoles, 7 de junio de 2017

El señor Reflejo

La frase favorita del señor Reflejo era: ¿Para qué lees eso?
"Eso" era José Zorrilla o Karl Von Clausewitz. Yo, sentada en mi escritorio de la Biblioteca Nacional, me preguntaba si Mr. Reflejo creía que el mundo había comenzado el día de su nacimiento. Por entonces yo tenía 24 años, dos hijos , un novio, y muchos cuadernos garabateados.
Pero así no empezó la historia. Pese a su severísimo aspecto de Tortuga Ninja, Reflejo empezó con eso que Freud denominaba "seducción de imprenta".
-¿Así que escribís? Me dijo un día, inclinada yo sobre una hoja lapicera en mano- Te puedo ayudar a publicar.
Ya estaba todo claro. No era la primera vez que me topaba con esos seductores editoriales compulsivos. Nunca me pude pude olvidar de un sociólogo español que, el verano anterior, me vio caminando con un cuaderno bajo el brazo por una avenida y me ofreció publicarme esos ruinosos artículos que escribía por esa época (23 años).Veintitrés años míos. A veces me cuestiono la url de este blog, creesquesoysexy.blogspot.com, pero la hice así en honor a estos especímenes, que necesitan publicar a mujeres incautas como el lobo a Caperucita.
 Otra famosa frase es "Yo te voy a abrir las puertas". Los abridores de puertas también abundaban hasta hace poco, que me abrí la puerta yo sola, veintinueve años después de que ofrecieran abrirme las puertas por primera vez. Abrí mis puertas , las necesarias, con prepotencia de trabajo.
También recuerdo a cierto best seller, escritor de éxito entonces, después académico, que me dijo en un bar frente a la Biblioteca: ¿Por que no escribes un libro? Yo tengo amigos..."
Creo que uno se tiene que ganar lo que sea que se proponga hacer. Más allá de eso, estos señores sólo padecían de compulsión editorial y no había que creerles. aunque durmieras, como yo lo hacía, menos de cuatro horas diarias para escribir. Aunque publicar tus poemas y someterlos temblorosa a la mirada ajena fuera tu mejor sueño.
Aunque escribir sea la razón de tu vida, no se la entregues, te lo ruego, a un  Señor Reflejo.

viernes, 19 de mayo de 2017

El viejo ministro y la manifestante

Conozco ministros desde mi infancia. El malvado cardenal Richelieu, el avaro y ladino cardenal Mazarino, y otros ministros de la historia que encarnaron en personajes más o menos caricaturescos, más o menos terribles.
A Conrado lo conocí por mi padre, de quien fue un buen y leal amigo.
Tenía, ya ex ministro y ex senador, un despacho cálido y luminoso sobre una avenida, con un secretario, un gran escritorio rodeado de plantas,  una ventana que dejaba pasar la luz y  era amplia y sin cortinas. Biblioteca. Foto del ministro entregándole a Diego Armando Maradona una copa mundial.
El despacho de un hombre que los había tenido en los frágiles palacios del poder narraba sus logros con modestia.
Algunas tardes de otoño (a él le gustaba mucho el otoño), me recibía para hablar de política con más amabilidad por parte de él que mía.
Era la lógica del poder y la lógica de la barricada. Un diálogo armónico, porque ni el poder es tan fuerte, ni la barricada tan débil.
Una tarde hablábamos del alzamiento militar de una famosa Semana Santa. Yo era una estudiante de 16 años, y él un ministro de gobierno. Los militares se habían acuartelado y las multitudes llenaron las calles y plazas, al grito de "Si se atreven les quemamos los cuarteles". Posteriormente, se discutió mucho la decisión del gobierno democrático de entablar una negociación con los militares rebeldes.
-Lo que pasa Paula-me dijo esa tarde Conrado- es que hubiera sido un baño de sangre.
-Pero nosotros estábamos dispuestos a enfrentarlos- exclamé.
Conrado me dio la lección de política más importante de mi vida.
-¡Paula! ¡mi hijo estaba allí!

viernes, 5 de mayo de 2017

La Ninfa

La Ninfa

Su pequeña fuente para ella es un lago. No importa que el ruido de las avenidas cercanas perturben las ondas de las aguas: ella está ahí, por voluntad de un escultor, como un último chiste de artista lanzado a la gran ciudad, antes de que se convierta en eso, una gran ciudad. Ahí, en ese Jardín Botánico que es una paradoja viva, verde, y piedra, un retiro para paseantes, para lectores y para enamorados.
Los escultores y los paisajistas trabajaron en común: el jardín esconde varios secretos y uno de ellos es que una pequeña escultura es completada por la curva de una planta colocada artísticamente detrás.
Cualquiera que haya plantado un árbol sabe que es una forma de poesía ¿cómo no iba ser maravilloso el trabajo de escultores y botánicos juntos?
De niña, paseaba mucho con mi madre por este gran jardín. La tierra de los senderos es roja (tierra traída, según mi madre, de la provincia de Misiones, dónde está el Iguazú y su catarata)
Ella sabe de paisajismo: así como Carlos Thays diseñó el Botánico de Buenos Aires, su bisabuelo el belga Gislain Espagne diseñó los parques de la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, y una usina cultural, científica y artística como hay pocas. Contratado durante la época de su fundación, Gislain se ocupó de hacer traer bulbos y semillas de todas partes del mundo, trasladadas en condiciones severamente indicadas por él, distintas según cada bulbo, para hacer de los parques de La Plata una reserva de plantas y árboles que representara cada rincón del planeta.
Mi abuela me contó que a Gislain un señor le encargó un parque para su esposa. Bajo la ventana de ella había un terreno yermo. Gislain trabajó en silencio con ocho jardineros toda la noche. La señora durmió normalmente.
Cuando despertó, abrió la ventana para ver un hermoso parque…
Volviendo a ella, la ninfa del Jardín Botánico; ella está ahí para recibirte. No importa cuán gris pongan los autos y colectivos el color celeste del día. Te olvidas las palabras histeria, desamor, pulsión, sentido, displacer. Olvidas a Flaubert, a Merimee , a Freud y a Eva Sunnz.
Mírala, se mueve. Da la vuelta alrededor de la fuente, ella te mira, no te mira, te busca con un movimiento de la mano, te habla de amor, te susurra, te dice que la mujer tuvo siempre un cuerpo fuerte, y que su seducción y la debilidad no tienen nada que hacer juntas.

Ella está acá, con su gracia, con su movimiento juguetón impreso en la piedra por un escultor para que nunca olvides que el amor es sólo un juego.

jueves, 6 de abril de 2017

Sueños como espadas


¿Es en sueños que suspiré en tu pecho
un gemido de placer pleno
de no ser Dos sino Tres y Uno,
como el dios y el misterio?

O tiene el dios que nos sueña
a vos y a mí en abrazo y desvelo
caprichos peligrosos y perfectos...

...nos da sueños como finas espadas

y escudos con la consistencia de un sueño

jueves, 9 de marzo de 2017

Poema para un aqueo

SOY TROYANA

Caerás una noche, voluble y errante
Marinero en tierra, yo no soy tu amante
Yo soy una Furia que viene a visitarte
Yo tengo una espada a la que nada puede
La que de ti pende. Yo llevo una daga
Yo llevo una lanza de punta envenenada
Yo llevo palabras que son cuchilladas
Yo llevo el aliento cuyo aroma desprende
El llanto del cielo que un infierno promete
Yo llevo una espada de nervios hirientes
Palabras que te abren, te desnudan
Te despojan de tu armadura
Yo te invito a entrar en el terreno
Donde la lucha se libra con mayor denuedo
¡qué podrán tus manos, por fuertes que sean!
¡qué podrá en mi boca tu viril inteligencia!
Tú eres hombre, tu poder
Es fuerza vana
Yo, mujer, tengo palabras
Yo soy troyana.

Ayer lloré en los muros
De mi ciudad derribada

Cadenas de esclava en mis pies llagados
Sombría y muda me ataste a tu carro

En tu tienda sollocé desnuda
Para vencerme no usaste armadura

Hoy yo te he vencido
Escribo los versos que son tu castigo

Caerás una noche, voluble y errante
Te matarán mis labios como ayer me mataste
La estrella que te lleva te traerá mañana
Y aunque huyas, tu pecho llevará mi espada

Caerás en mis brazos, serás prisionero
De la eterna rosa que es tu eterno sueño


lunes, 27 de febrero de 2017

LA REVOLUCIÓN EMPIEZA EN CUALQUIER SITIO


Es un lugar pequeño. Muchos caminantes sin duda lo rehuyen. Es una casa de comidas con aspecto descuidado. Ese descuido melancólico que a veces rodea lo que amamos demasiado. No puedo explicar muy bien ese concepto, porque no es un concepto. A veces los lugares descuidados lo son porque sus dueños trabajan mucho. Y no hay tiempo para decoraciones vanas, para diseños. No hay tiempo para el espejismo. Hay tiempo de volar entre las cacerolas, preparando y lavando lo que los albañiles, los taxistas y las escritoras del barrio van a comer.
De entrada me gustó el nombre de la pizzería. Chaplin. No sólo se llama así, sino que el recuerdo del cómico triste ronda por todo el pequeño local. Como si la melancolía del noticiero y el diario sobre las mesas de fórmica, mirados por solitarios trabajadores, no bastara, un póster desteñido de la película “El pibe” y un muñeco muy viejo de Chaplin nos recuerdan que el nombre no fue puesto porque si.
A Chaplin le hubiera gustado. La mujer de mediana edad y aspecto juvenil lava la lechuga con energía detrás de un mostrador desde donde el comprador ve cómo se prepara la comida, en cacerolas abolladas y ennegrecidas, algunas sin manijas. Hay un póster de socio de Boca Juniors lleno de hollín del dueño, Beto, que siempre con ojos de estupor comenta las últimas noticias policiales, con un asombro resignado, a veces insoportable, de la crueldad de la vida.(Beto siempre ve la crueldad de la vida, hasta en días soleados como el de hoy, cuando yo escribo sobre él y no lo sabe ni lo sabrá tal vez nunca).
Hace mucho que quiero escribir sobre Chaplin y hoy me dieron la ocasión.

La revolución empieza en cualquier lado. Eso lo declaré al principio. Un chico muy serio envuelve y entrega los pedidos. Desde hace tres años, me habitué a un diario abierto sobre el mostrador, que leía el chico muy serio. Al reclamo de atención por parte de Beto, cuando por concentración en la lectura el chico no reaccionaba, siempre envolvía la comida con un gruñido que los lectores conocemos muy bien. Pero desde hace una semana  veo un libro. Fui tres veces en la semana y el señalador marcaba cada vez una página más avanzada. Hoy mi joven amigo estaba a treinta páginas del final. Envolvió mi pedido con un gruñido. El libro se cerró, desequilibrado por la cantidad de páginas pasadas y el chico gruñó más fuerte.
“No logo”. Un edición muy gastada, de tapas negras, con el plastificado roto. “No logo” de Naomi Klein, a quien nunca leí.
Me fui pensando que la revolución empieza en cualquier lado. Cualquier sitio es un buen lugar. Recordé mientras caminaba al escritorio a escribir esto la casa de madera de mi tío, el socialista hijo de italianos, que trabajaba en una jamonería y que tenia una biblioteca que envidiarían muchos escritores (y debo añadir que unas lecturas que a muchos autores les hacen falta). Recordé esa villa  contruída por italianos donde con lámparas de kerosén, después de la larga jornada en la jamonería o en la papelera cercana a la villa, leían a Rosa de Luxemburgo, a Bakunin, a Byron, a John Dickson Carr, a Alejandro Dumas. No necesitaban ser escritores o intelectuales. El conocimiento no es para los que lo ejercen como medio de vida: es para todos. Es una riqueza humana que de un modo infame pretenden convencernos de que es privativa de quienes pueden pagarse estudios universitarios y pertenecer a la casta de los que poseen los medios del conocimiento, que son hoy día una casta burguesa comparable a quienes poseen los medios de producción, los que Marx quería distribuir entre el pueblo. Hoy los medios de conocimiento son también un pasaporte social que se compra caro. Pero a diferencia de mis ex compañeros de militancia estudiantil, los que gritaban “universidad para los trabajadores”, yo no quiero eso. Yo misma no necesito a la Universidad. Yo pude leer a Spengler y a Descartes y a Leibniz, a Schopenhauer y a Spinoza en un cuarto donde compartía dos colchones con mis dos hijos pequeños. Que se crean otros que necesitan un mediador entre los libros y ellos. Mi amigo, el que envuelve los paquetes en Chaplin, sabe que no necesita más que su hambre de saber y sus preguntas para empezar la revolución.

jueves, 2 de febrero de 2017

La sirena que visitó a Andersen

LA SIRENA QUE VISITÓ A ANDERSEN.

 Era alto, desgarbado, sus largas piernas zancudas hacían reír a los niños, pero eso nunca le molestó. Las costas de su imaginación estaban sumamente pobladas, al contrario de lo que pasaba con esa playa fría en la que paseaba, murmurando. Murmuraba versos mientras caminaba, y el viento del mar golpeaba su cara, mientras pensaba en ninfas y tritones y en la tristeza de una sirena.
Se la imaginó pequeña y pálida, enamorada de un príncipe al que rescatara de un naufragio. No tardó en agregarle ojos negros al príncipe y ojos azules a la sirena. No era tampoco difícil construir el castillo de las sirenas en el fondo del mar, todo podía hacerse con coral y ámbar y caracoles, el castillo tenía además jardín y Hans plantó en él árboles azules y rojos, que daban frutos de oro y flores de azufre. Desde los jardines del castillo, se veía al sol como una flor púrpura, de su cáliz los rayos de luz fluían y se ondulaban en las aguas.
         Así se veía el hogar que la sirena despreciaría por el amor de un hombre, y así caminaba Hans cuando vio que no estaba solo.
         Las olas rompían contra un peñasco y sobre el vio a la sirenita. Era pálida,  gotas de sol y de mar resbalaban por sus escamas, y estaba en actitud de espera.
         A Hans no lo sorprendió. Apenas notaba la diferencia entre los mares de su ensueño y el mar real. Con naturalidad se acercó a la sirena y le ofreció su pañuelo, porque lloraba y era claro por qué lloraba.
-El tiene ojos negros-afirmó, mientras la sirenita aceptaba el pañuelo.
-Claro que los tiene. Negros como dos piedras.
-¿Y qué harás?
-Nada. Nada me lo puede dar. Tengo que aceptarlo. No tengo alma ni piernas. Soy la única desalmada que puede cantar. La maldita bruja quiere que le regale mi voz. Y a cambio me dará dos piernas. Con mi voz llegué hasta él y llego a todas partes. No puedo perderla.
Hans meditó. Faltaba mucho para el final del cuento y la sirena sufría más de la cuenta.Lo increíble del caso es que en lugar de estar resignada, como correspondía a su amor desmesurado, estaba enojada. Eso era un cambio en los planes que no esperaba hacer.
-Encima-dijo la sirena ofuscada-pretende que cada paso que dé con esas piernas me duela como una cuchillada y me salga sangre.
-Pero tu amor lo vale ¿O no?
-Las cuchilladas me las darán a mí, no a él- dijo furiosa- Me quiere cortar la lengua para darme unas piernas que no funcionaran siquiera bien. Además el príncipe se la pasa de fiesta en fiesta con esclavas que cantan para él y bailan.
“Y ella danzaba y danzaba, aunque cuando sus pies tocaban el suelo era como si pisaran afilados cuchillos”.
Andersen suspiró.
-¿Qué quieres, al fin?
-¿No lo sabes tú?- los ojos azules, rodeados de brillantes lágrimas, sonreían también un poco.-No quiero sacrificarme para amar. No quiero dejar de ser quien soy para fundirme en el sueño de un hombre, al que no puedo hacer feliz sin ser feliz yo misma.
-Pasaran  muchos años hasta que eso sea entendido, sirenita.“Ella reía y bailaba con la idea de la muerte en el corazón”-se entristeció el poeta- 
-   ¿ Qué puedo hacer?-sollozó la sirena
-Nada vale más que tu libertad-sentenció Andersen-No debes aceptar ningún amor que te la robe para siempre ni que te cause dolor.
          La sirena le arrojó el pañuelo y se rió de él.
- Ya lo sabía yo. Eres tú el que no lo sabe.
          Le dio un beso en la boca, le sonrió por última vez y volvió al mar.