sábado, 15 de agosto de 2026

Cielo e Infierno

Madrugada del 31 de julio, 1997, en Barrio Samoré, escribo un cuento, El diablo enamorado. Sin interrumpirme escribo un poema, el poema del Cielo y el Infierno. Estoy saliendo de una profunda crisis personal, al comenzar de escribir este poema que transcribo aquí, sentía una infelicidad profunda, al terminarlo, una felicidad cercana a la euforia. Es que la poesía tiene el poder de trocar los estados de ánimo, la alquimia de las palabras.

POEMA DEL CIELO Y EL INFIERNO

 

Oye lo que dice la noche

Que es más vieja que el hombre

Y que ha enterrado a todos los amores

Que se sirvieron de ella

 

Dos piedras a la cabeza

Y una a los pies

Son toda la tumba de Arturo

Bajo las aguas. Esto nadie lo sabe

La reina Ginebra murió en el convento

Adonde no fue Ofelia

Ella prefirió las aguas del lago

Juntos yacen ella y Arturo

Lejos, la tierra cubre a Ginebra y a Lancelot

Aquiles fue en verdad un cobarde en su fuerza

Helena de Troya fue la legítima mujer

Del único que peleó y murió por ella

Que se llamó Héctor el troyano

Todos los fuegos queman las manos de Tristán

Y Abelardo sigue amando el cuerpo de Eloísa

Paolo y Francesca son esposos en el Cielo

Amados por Dios

Isolda es como Ginebra

Las dos son esposas del hombre equivocado

 

Ahora se calla la noche. Yo seguiré contando

Yo escribí la historia

Nadie puede sellar mis labios

 

Juan el fiel es el esposo

De la Princesa de Oro

Ulises trenza coronas

Con el cabello de Nausícaa

Galahad se ahogó en el océano

Ya cuenta mi poema

Tres felices matrimonios

Y tres amantes ahogados. Prosigamos

El dragón venció a San Jorge

Y San Jorge es el nombre del dragón

San Agustín murió pecando

Las siete colinas están cubiertas de sangre

Y a la sombra de seis mil cruces

Hay un solo Cadalso

 

Un perro negro se despedaza a sí mismo

Eternamente

A eso lo llaman

El Bien y el Mal

 

Todos los hombres buenos

Vieron alguna vez el fantasma de su padre

Todas las flores amadas por ellos

Mueren ahogadas

Todos los caballeros

No aman mas que a su espada

Hace mucho hubo un poema

“todos los hombres matan lo que aman”

Y no todos mueren por ello

Oigan como ladra el perro negro

Mi verso es como una espada

En su punta hay un veneno amargo

Que inventó para mí mi madre Morgana

 

De noche todo se sabe

De día soy solo una pobre mujer

De noche yo escribo la historia

De noche escribo

“El amor es locura”

De día estoy doblemente loca

Prosigamos. La noche es corta y la historia larga

Galahad llevó a sus labios la santa copa

De ella bebió el veneno mortal

Que lo llevó a lo profundo del mar

Su barca arrastraba un cisne

Ese cisne blanco era la Dama del Lago

Ese día que se llevó a Galahad

El perro negro se mordió y aulló mas que nunca

 

El Norte y el Sur

Son la cabeza y la cola del perro negro

Cuando venza uno

Morirán los dos

Eso es el Apocalipsis

La última batalla

 

El primero que vea la Meca

Matará a su hermano que venga después

Pero ninguno sabe

Que ninguna tierra es santa

 

El Cielo es un poema creado

Y quemado en Alejandría

 

Si me dan tiempo lo escribiré

Lo acabaré donde la noche termina

 

El Infierno es un poema creado

Y quemado en Alejandría

 

A ese ya lo he escrito

 

La poesía es locura

Y yo estoy loca rematada

 

Jamás oí aullar tan tristemente

A un pobre perro

Me recuerda a un hermano filósofo

Que encontrando una falla en su teoría

Se desgarró a sí mismo y se mató

Él era muy joven

Pero es que la juventud es algo muy viejo

La juventud es la locura

Y yo estoy loca y amo

Pero prosigo

 

Para algunos, el perro sigue aullando

Para ellos hay esperanza

Aunque sean malos

Todavía pueden ser buenos

Pero para otros

El perro ha muerto

Para ellos no hay salvación posible

En verdad el perro agoniza

 

Escribo un poema que se llama Cielo

Ayer escribí un poema que se llama Infierno

Los dos me queman las manos

Son iguales sus estrofas

Igual el número de sus versos

En los dos se nombra a Francesca

Pero en uno ella se quema

Y en el otro es feliz

En los dos se nombra a Nausícaa

Pero en uno esta queda sola

Y en el otro no

 

Es que el Infierno es el único poema

Que laboriosamente escribieron todos los poetas

Hasta mí. Los hombres odiaron a Francesca

Y mataron a Lancelot

Y violaron las justas razones de Helena

Y admiran la fuerza de Aquiles

Mas que el valor de Héctor

Los hombres dieron a Ginebra como esposa

Al único hombre que era incapaz de amarla

Son las cosas que ocurren en el Infierno

El infierno creó el Océano

Que me separa de único hombre

Al que daré este poema para que lo queme

Que es lo mismo que ofrecerle toda Troya

Para que arda nuevamente

Es que el amor es la locura

Y yo estoy loca rematada

 

El cielo es una locura

Que suponen los hombres

Sin atreverse a vivirla

Pero es que el valor es la locura

Y la poesía es la locura

Y la guerra es la locura

Y el Cielo es la única de todas las locuras

Que vale la pena amar

Porque una mujer que no es capaz de amar

A un hombre que hiere con sus ojos

De izquierda a derecha su rostro

No merece llamarse mujer

Y un hombre que no sabe morir

Por Helena de Troya

O prefiere el fuego de su hogar

A las lejanas playas de Nausícaa

No merece llamarse hombre

 

Y solamente una mujer tiene en sus manos el Paraíso

Y nadie más que una mujer

Puede escribir el Cielo

 

 

 Paula Ruggeri

 

 


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