Madrugada del 31 de julio, 1997, en Barrio Samoré, escribo un cuento, El diablo enamorado. Sin interrumpirme escribo un poema, el poema del Cielo y el Infierno. Estoy saliendo de una profunda crisis personal, al comenzar de escribir este poema que transcribo aquí, sentía una infelicidad profunda, al terminarlo, una felicidad cercana a la euforia. Es que la poesía tiene el poder de trocar los estados de ánimo, la alquimia de las palabras.
POEMA DEL CIELO Y EL INFIERNO
Oye
lo que dice la noche
Que
es más vieja que el hombre
Y
que ha enterrado a todos los amores
Que
se sirvieron de ella
Dos
piedras a la cabeza
Y
una a los pies
Son
toda la tumba de Arturo
Bajo
las aguas. Esto nadie lo sabe
La
reina Ginebra murió en el convento
Adonde
no fue Ofelia
Ella
prefirió las aguas del lago
Juntos
yacen ella y Arturo
Lejos,
la tierra cubre a Ginebra y a Lancelot
Aquiles
fue en verdad un cobarde en su fuerza
Helena
de Troya fue la legítima mujer
Del
único que peleó y murió por ella
Que
se llamó Héctor el troyano
Todos
los fuegos queman las manos de Tristán
Y
Abelardo sigue amando el cuerpo de Eloísa
Paolo
y Francesca son esposos en el Cielo
Amados
por Dios
Isolda
es como Ginebra
Las
dos son esposas del hombre equivocado
Ahora
se calla la noche. Yo seguiré contando
Yo
escribí la historia
Nadie
puede sellar mis labios
Juan
el fiel es el esposo
De
la Princesa de Oro
Ulises
trenza coronas
Con
el cabello de Nausícaa
Galahad
se ahogó en el océano
Ya
cuenta mi poema
Tres
felices matrimonios
Y
tres amantes ahogados. Prosigamos
El
dragón venció a San Jorge
Y
San Jorge es el nombre del dragón
San
Agustín murió pecando
Las
siete colinas están cubiertas de sangre
Y
a la sombra de seis mil cruces
Hay
un solo Cadalso
Un
perro negro se despedaza a sí mismo
Eternamente
A
eso lo llaman
El
Bien y el Mal
Todos
los hombres buenos
Vieron
alguna vez el fantasma de su padre
Todas
las flores amadas por ellos
Mueren
ahogadas
Todos
los caballeros
No
aman mas que a su espada
Hace
mucho hubo un poema
“todos
los hombres matan lo que aman”
Y
no todos mueren por ello
Oigan
como ladra el perro negro
Mi
verso es como una espada
En
su punta hay un veneno amargo
Que
inventó para mí mi madre Morgana
De
noche todo se sabe
De
día soy solo una pobre mujer
De
noche yo escribo la historia
De
noche escribo
“El
amor es locura”
De
día estoy doblemente loca
Prosigamos.
La noche es corta y la historia larga
Galahad
llevó a sus labios la santa copa
De
ella bebió el veneno mortal
Que
lo llevó a lo profundo del mar
Su
barca arrastraba un cisne
Ese
cisne blanco era la Dama del Lago
Ese
día que se llevó a Galahad
El
perro negro se mordió y aulló mas que nunca
El
Norte y el Sur
Son
la cabeza y la cola del perro negro
Cuando
venza uno
Morirán
los dos
Eso
es el Apocalipsis
La
última batalla
El
primero que vea la Meca
Matará
a su hermano que venga después
Pero
ninguno sabe
Que
ninguna tierra es santa
El
Cielo es un poema creado
Y
quemado en Alejandría
Si
me dan tiempo lo escribiré
Lo
acabaré donde la noche termina
El
Infierno es un poema creado
Y
quemado en Alejandría
A
ese ya lo he escrito
La
poesía es locura
Y
yo estoy loca rematada
Jamás
oí aullar tan tristemente
A
un pobre perro
Me
recuerda a un hermano filósofo
Que
encontrando una falla en su teoría
Se
desgarró a sí mismo y se mató
Él
era muy joven
Pero
es que la juventud es algo muy viejo
La
juventud es la locura
Y
yo estoy loca y amo
Pero
prosigo
Para
algunos, el perro sigue aullando
Para
ellos hay esperanza
Aunque
sean malos
Todavía
pueden ser buenos
Pero
para otros
El
perro ha muerto
Para
ellos no hay salvación posible
En
verdad el perro agoniza
Escribo
un poema que se llama Cielo
Ayer
escribí un poema que se llama Infierno
Los
dos me queman las manos
Son
iguales sus estrofas
Igual
el número de sus versos
En
los dos se nombra a Francesca
Pero
en uno ella se quema
Y
en el otro es feliz
En
los dos se nombra a Nausícaa
Pero
en uno esta queda sola
Y
en el otro no
Es
que el Infierno es el único poema
Que
laboriosamente escribieron todos los poetas
Hasta
mí. Los hombres odiaron a Francesca
Y
mataron a Lancelot
Y
violaron las justas razones de Helena
Y
admiran la fuerza de Aquiles
Mas
que el valor de Héctor
Los
hombres dieron a Ginebra como esposa
Al
único hombre que era incapaz de amarla
Son
las cosas que ocurren en el Infierno
El
infierno creó el Océano
Que
me separa de único hombre
Al
que daré este poema para que lo queme
Que
es lo mismo que ofrecerle toda Troya
Para
que arda nuevamente
Es
que el amor es la locura
Y
yo estoy loca rematada
El
cielo es una locura
Que
suponen los hombres
Sin
atreverse a vivirla
Pero
es que el valor es la locura
Y
la poesía es la locura
Y
la guerra es la locura
Y
el Cielo es la única de todas las locuras
Que
vale la pena amar
Porque
una mujer que no es capaz de amar
A
un hombre que hiere con sus ojos
De
izquierda a derecha su rostro
No
merece llamarse mujer
Y
un hombre que no sabe morir
Por
Helena de Troya
O
prefiere el fuego de su hogar
A
las lejanas playas de Nausícaa
No
merece llamarse hombre
Y
solamente una mujer tiene en sus manos el Paraíso
Y
nadie más que una mujer
Puede
escribir el Cielo