Durante veinte años escribí una serie de cuentos fantásticos, cuentos que están entre los más queridos, los más sentidos, que he escrito. Dos cuentos de fantasmas, que escribí a los treinta años, con tanta fluidez que sospeché que me los había dictado un fantasma. Cuentos, como El diablo enamorado y La sangre de Cristo, que crecieron al fuego de los viejos poemas del ciclo artúrico, y con esos recursos de la prosa a los que solo la poesía puede apelar.
Los cuentos fueron escritos casi como experiencias, y con rigurosas, pero elásticas, estructuras narrativas. En la hora del canto del zorzal, en la madrugada de Barrio Samoré, los mitos y leyendas son un alimento frecuente. Un pájaro se enamora de su fecha, un hada maléfica diferente, un diablo femenino, un bosque tenebroso, habitado por el Lobo.
El relato La cifra adversa, merece un párrafo aparte. Cuento borgeano, sobre un personaje histórico que me resulta fascinante, Pico della Mirandola. Fue escrito en una oficina de una biblioteca mientras yo trabajaba, justamente, con la biblioteca personal de Jorge Luis Borges. Está inspirado por sus citas, su letra, su universo. Pero con un protagonista, maestro del humanismo salvaje renacentista, que siento muy propio de mi narrativa.
De niña tuve Los Cuentos de Hadas de los hermanos Grimm, Quizá realmente hada signifique fata, destino en latín. Cuentos de destino. Desde esa lectura del asombro a mis siete años hasta este libro han pasado largos años, de lectura, escritura y experimentación.
Bienvenidas las hadas y los cuentos.
La Cifra Adversa, Paula Ruggeri | MercadoLibre
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