viernes, 7 de octubre de 2011

La tormenta pasa

La tormenta pasa. A veces crees que no pasará nunca. A veces, un solo segundo, pensarás que te matara. Puede ser cuando balearon tu calle y acostaste a tus hijos en el piso y vos encima de ellos, porque estás en el primer piso, las recortadas disparan plomo hacia arriba y esos ventanales que tanto amaste ahora son el enemigo...¿importa cuándo? ¿hay que vivir en un lugar muy raro o exótico para que ocurra? No...la tormenta pasa por todos los sitios.Por los que ocupan un rincón en el diario, tan chico que parece una noticia sobre un zoológico lejano, hasta los que ocupan toda la pantalla de los canales de tu país, y ni hace falta, ni podés verlas, porque para eso hay que cruzar...el salón con ventanal dónde está el televisor y llueven las balas. Y pasó.Esa tormenta que creía que me mataría. Y que mató a otros. Por eso una vez escribí que la ficción está, tiene que estar, para recordar entre los vivos la memoria de los que se fueron.
Pasan las tormentas. Nací en primavera, en 1970, bajo el signo del Escorpión. Es el signo de todos. Todos tenemos nuestro veneno, en la dulzura, o el otro, el letal. Hay quienes matan con un beso, decía Wilde. Y por él pasó la tormenta, la tormenta de un beso.
Pasa la tormenta. Ahora tenés 23 años y tus hijos son niños, muy niños. La amiga dejó de serlo y te echó del departamento que ya no podías pagar, con la ayuda de diez hombres y en diez minutos. Tu trabajo de promotora y modelo se esfuma, la amiga que dejó de serlo se quedó con tu ropa y tu agenda y tus manuscritos. Estás bajo la lluvia de mayo, en la vereda de Julián Alvárez al 900, y mientras tus pertenencias se mojan, tu cabeza no piensa en la tormenta, sino en dónde pasar la noche. Y viene una señora con un termo de café con leche y otra con medias para tus chicos y otra que te dice Cuando Dios te cierra un puerta, te abre una ventana, y por un segundo tu cabeza escapa a la tormenta y se ríe de esos mlitantes teóricos y fervorosos amigos tuyos que prefieren discutir a Lenin durante horas y piensan que la simple caridad o la más digna solidaridad son "métodos del sistema para mantenerse". Tal vez la señora del termo fuera leninista. No lo sé. No es imposible. Tal vez fuera católica, es más, del Opus Dei. Para mi, siempre será la señora del termo y quisiera para ella la corona del Reina de Inglaterra, el tejado del Taj Mahal y un arco iris sin lluvia cada atardecer.
Esa tormenta también pasó. La amiga que ya no era amiga se borró de mi mente.No la reconocería. Tengo más presente a la señora del termo.Si no fuera así, la tormenta hubiera quedado en el pecho para siempre...
Ahora es de noche y estoy durmiendo. Viajo hacia atrás, todavía más. El piso es enorme, en Recoleta. Era mi barrio de infancia y entonces no valía nada. Habia una juguetería a la que ya no podía ir porque la policía habia montado una ratonera y habían matado al hijo adolescente del juguetero. Era el año 1976. La tormenta estaba pasando y yo tenia cinco años. Tenia un camisón celeste y me despertaron rasguidos y ruidos extraños. Me levanté. Caminé por el enorme pasillo. Un piso en Recoleta, dirán. No sé qué hora de la noche era. Vi a mi madre con una amiga suya rompiendo cosas. Discos. Hacían un ruido seco, metálico, casi un disparo y ya habia oído disparos. Libros. Tardaban más en romper los libros. Los fragmentos iban a bolsas y las bolsas al incinerador del edificio. Cuando me vieron me enviaron a dormir.
Libros. Pasaron dos años y no vivía en un piso en Recoleta. Eramos cuidadores de un techo sin herederos en Villa Urquiza. Un techo para un matrimonio sin ingresos con cuatro hijos. Si pasó la tormenta por ahí no me di cuenta. Leía Los tres mosqueteros en esa casa soleada y me reía de como Artagnan lleva a sus tres amigos y a los cuatro lacayos a tomar chocolate a lo de un cura gascón que lo invitó a merendar...los mosqueteros, mis amigos, no tenían comida ¡y eran los héroes! Y mientras pasaba páginas, absorta, mi madre me sacudía los hombros y me daba una taza de harina mezclada con agua. Mi almuerzo.
Hoy hay tormenta en Buenos Aires.Llueve mucho.Todo está húmedo, pero ya casi no siento la fractura de mi pierna. La tormenta pasa siempre.Creo que puedo decir que se puede vivir confiando en que pase, como dice Edmundo Dantés al final del Conde de Montecristo, "ESPERAR Y CONFIAR". Aunque creas , por un segundo, que te puede matar.Lo único errado es creer, estés donde estés, que por tu casa, tu pueblo, tu país, no va a pasar la tormenta.

lunes, 26 de septiembre de 2011

dale un corazón de seda

En un hogar pobre de campesinos nació una pequeña niña y no diremos dónde porque no importa mucho. Los padres eran tan pobres que no tenían nada para darle. La miraban tomados de la mano, con lágrimas en los ojos.
Vendrían las hadas que dan dones a todas las niñas desde que el mundo es mundo. Pero como la niña era muy pobre, pequeña y fea, eso era un simple trámite, por lo cual los padres suspiraron aliviados. Vendrían sólo las hadas buenas, tal vez viniera una sola, apurada, mirando el reloj. El hada maléfica sólo se dignaba ir a grandes palacios, a mansiones de estrellas de cine, maldecía a las hijas de los reyes. Asi que sabían que su hija, al menos, no tendría ningún don maldito. Sólo esperaban que las apuradas hadas, como asistentes sociales del destino, le dieran aunque fuera un don a su hija que le permitiera sobrevivir.
Ella dormía en la cuna. Cada tanto un leve suspiro inquietaba a la madre. Instintivamente, quería darle leche de su cuerpo, pero estaban esperando la visita de las hadas.
Tocaron la puerta. El hombre abrió.
Eran dos mujeres con trajes de ejecutivas arrugados y largo pelo rubio. Sus ojos eran muy verdes y brillaban por igual. Llevaban sendas carpetas. Se detuvieron en el umbral para hacer cada una una cruz con sus lapiceras en las recién abiertas planillas
—¿Cómo se llama la niña? -preguntaron a coro
—No tiene nombre aún.
—¿Y en qué están pensando? Póngale un nombre. Me lo exige la planilla—dijo un hada.
—Ada —dijo la madre.
—Ana —exclamó el padre.
—Ada Ana —repitieron a coro las hadas mientras escribían los dos nombres—. Bien, vamos a verla.
—¿Cuáles son sus ingresos? —preguntó una. Las dos hadas eran indistingibles.
—Soy jornalero, asi que gano un poco de dinero.
—¿Pero puede mandarla a la escuela pública?
—Creo que si.
—"Creo" me suena mal. Va a mandarla a la escuela —dijo una de las hadas— Bien, su única oportunidad es el estudio.
Se acercó a la cuna, sacó una varita mágica de su carpeta y dijo:
—Ada Ana, tendrás una gran memoria. Memorizarás todas las letras y sonidos. Nada que leas u oigas se te borrara de la mente.
—Y ahora yo —dijo la otra.
—Ada Ana. Entenderás el lenguaje de la música y sabrás de melodías.
—Bueno —repuso mirando al padre—. Uno de los dones es para disfrutar. Sino para qué vivimos y nos alimentamos. No todo en la vida es trabajo.
Y entonces se abrió la puerta. Lentamente, chirriando sobre los goznes. Todos se sobresaltaron al ver a una gran señora, de larga cabellera azabache, con brillantes ojos negros, alta, con un traje rojo y la varita de oro en la mano. No llevaba ninguna carpeta.
—El hada maléfica... —murmuró la madre. Instintivamente quiso cubrir a su hija.
—Cálmese —dijo un hada rubia—. A veces ocurre, pero muy raras veces. Está de licencia casi todo el año ¿verdad?
El Hada Maléfica se acercó a la cuna de la niña.
—Vengo cuando es preciso. Esta niña será hermosa. Tú le diste memoria y tú le diste gusto por la música. ¿Qué puedo darle yo? Creo que ya lo sé. De hecho, lo sé porque no vine por azar. Sé lo que necesita.
Se acercó a la cuna con su varita de oro, tocó con ella la frente de la niña y dijo:
—Ada Ana: te doy un corazón de seda que se rasgue sólo con un beso, sólo con la promesa de un beso, sólo con el sueño de un beso.
-Será poeta —dijo el Hada Maléfica a las otras dos hadas.
Luego habló a los padres con sus labios de sangre.
—Lo malo es sólo un poco malo, ¿saben? Hada significa fata, destino en una antigua lengua. Yo sólo cumplo órdenes. Será poeta —repitió el Hada Maléfica.
Desaparecieron las tres hadas y la casa quedó a oscuras. Y Ada Ana lloró suavemente.

lunes, 29 de agosto de 2011

EL ARTE DE HACERSE DESPEDIR

Decía Jonathan Swift una famosa frase que es la siguiente: se reconoce a un genio cuando los necios se conjuran contra él. Personalmente la noción de genio es demasiado alemana y en sí misma muy ególatra para mi gusto, los genios alemanes suelen describir las características físicas del genio, por ejemplo, Schopenhauer "el genio es petiso, pelado y gordo" dice el tipo, o sea es como él u Otto Weininger, más generoso, sólo reconoce en él mismo los atributos más elementales diciendo"nunca una mujer puede ser un genio", por lo cual se decanta que cualquier hombre puede serlo, no le importa si es petiso, tiene frente amplia y el viento sacude su cabellera leonina, que sí son condiciones indispensables si ustedes quieren ser Beethoven o Schopenhauer. Y saber alemán. Pero si quiere ser Weininger, con ser hombre basta.
Bueno, estas son necedades. La cuestión es acá dar mis modestas lecciones para todo aquel que quiera hacerse despedir de su trabajo rápidamente. Así que volvamos a la frase de Swift.
Reconocemos a un genio porque los necios se conjuran contra él, dice el tipo.
La vida está llena de casos donde un grupo de necios se conjura contra otro necio, que no por eso se cree un genio. Ustedes y yo nos reconocemos en ese último grupo. Somos necios y nos molestan otros necios como nosotros.
Ser un necio es relativo. Ahora, justamente ser un genio es un absoluto. ¿entienden? Tienen que empezar a comportarse como absolutos y no como relativos. Y decir frases como las dos últimas que dije yo, que no se entienden un carajo. ¿Qué es ser un absoluto? Pregúntenle a otro, hace dos frases que soy un genio y no me sé explicar.Todas sus acciones tienen que así, singulares, claras y contundentes. Si usted quiere ser despedido rápidamente, sea un genio.
Crease o no, artistas en hacernos despedir somos todos. Yo misma soy una experta. Mis primeros despidos no tenia conciencia de mi potencial artístico. Me iba llorando, cabizbaja, con el treinta por ciento del último sueldo apretado en el bolsillo, diciendo ¿por qué a mi? Claro, los contratos basura lograron muchos despedidos sin aporte de su propia genialidad. Bueno: los contratos basuras son ahora normales. En algunos sitios, despedir gente está de moda. Yo simplemente trato de que no sean otro ladrillo en la pared. Hay que hacerlo todo, como dice Twain, con estilo. Así, si lo o la van a despedir: sea una artista.
Hay técnicas y pequeños consejos con los que logrará ser un genio y que lo despidan, todo junto. Y para esto, apelaremos a Platón.Si, sé que se cita más a Foucault, pero es más fácil Platón. A Platón lo visualizo como uno más de nosotros, despedido, en una ronda de mate y biscochos Don Satur. A Foucault lo veo más como becario del Conicet, tomando capuccino en el Café del Lector. No se por qué. Busquemos a Platon, que es amigo.
Acá deberá hacer una pequeña inversión. Cómprese "El Banquete" o bien el "Critón", que queda menos festivo y más suicida. Cómprelo usado, así parece que lo leyó muchas veces.
Llévelo al trabajo. Síentese, no importa si es repositor o trabaja en una estación de servicio. Siéntese en el escalón del surtidor de nafta a leer. Lo amarán. Se hará popular, creáme.
Lo querrán incinerar.
Supongamos que trabaja en una biblioteca. ¿qué más natural que sentarse a leer? No crea. Yo tuve una jefa bibliotecaria que me recordaba cinco o seis veces por hora que no me pagaban por leer.
"¿Ah, si?" Contestaba yo un poco distraida pero educadamente. Y pasaba otra página.
Pero bueno. Siéntese, le decía y abra el libro. Lea toda la tarde. No se olvide de fichar al irse.
Si es cajera de supermercado la despedirán en el acto.Dígale a su jefe que busca un hombre y que se aparte de su tubo fluorecente. Sabe que usted no se parece a Diógenes y su jefe no se parece en nada al gran Alejandro. Aclárele que busca otro hombre, no a él. Una vez hecha la salvedad, será despedida. Para el glorioso momento, apréndase las siguientes frases: "Usted no piensa, luego no existe".O "El estómago tiene razones que la razón no comprende" Y pida un sandwich. Su bella ironía será recordada durante años en toda la línea de cajas.
Bien, pero si no es cajera de supermercado o empleado de estación de servicio, el proceso puede ser más largo. Apoye su Platón en el escritorio y comienze a filosofar. A cada pregunta responda según el conocido método de la mayéutica.
Ejemplo:
Jefe-"No te pagan por leer"
Usted- "¿Lo cree así?"
Jefe: "¿sos estúpido o te hacés?
Usted: "¿Es bruto o se hace?"
Jefe:" Voy a comunicar esto al señor Director"
Usted- "¿Puedo ir al baño?"
Ve lo simple que es. Usted, un pacífico filósofo socrático. Él, un bruto animal. Su superioridad moral está demostrada, sobre su jefe y sobre la Polis. Así que no tome cicuta porque no hay, y además todos lo queremos, pero váyase tranquilo y feliz a su casa.
Si es que fue despedido después de esto.Porque si no lo despiden, conserve ese trabajo.
Es un trabajo maravilloso.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Madrugada con una sirena y un unicornio

Hay madrugadas como ésta, frías con pensamientos cálidos. Dos de la madrugada. Mi hijo tararea en voz muy baja una melodía en el silencio nocturno, posiblemente una nueva composición.Calienta el agua para el té de los dos. Suelo dormir a esta hora.Hace exactamente diez años, juré que nunca más un poema me iba a levantar de la cama. Y lo cumplí. Hasta hoy.
El músico de 18 años con quien comparto casa me rememora mis viejos insomnios creativos.La noche no está estrellada. Veo las nubes por la ventana.Y el pensamiento bullicioso que me hacía dar vueltas en la cama me despertó.Así que compartiré el agua hirviendo para el té con mi hijo Ger. Es respetuoso, calló la guitarra hace horas.Pero su última melodía quedó flotando.
Tenia un pensamiento confuso, porque a veces me desanimo. ¿Para qué escribir?-me pregunté.Pregunta que a la cuarta vez que me plantée, me sacó de la cama, me colocó un cardigan de lana grueso, me trajo a esta mesa, me hizo prender la luz, abrir un cuaderno, encender la netbook y responder la pregunta escribiendo.No quiero despertar al hombre que amo a estas horas con una pregunta como esa.
Preguntarme, por qué escribo es casi tan ocioso, pero necesario, como preguntarle a la sirena porque prefiere la profundidad del mar a la luz del sol.La sirena aparece en este blog con cierta recurrencia. Mi favorita, la de Andersen, se ríe de la pregunta."el sol es agradable,- dice mientras coquetea con la masa de cabellos que apenas oculta su pecho perfecto-; pero la gente que vive bajo él, es gente commplicada. Peligrosa" Lo dice y se zambulle de nuevo.
También escribí tanto sobre los unicornios que creo conocerlos muy bien.¿por qué huyen y huyen en los bosques, sin respiro, sin alivio, cuando sería más fácil decir: bien, vengan ustedes todos los cazadores, corten el cuerno y llevénselo, háganlo polvo para sus boticas o cuélguenlo en la pared, pero dejénme en paz?Y vivir sin huir...pero mutilado. El precio, el costo , el pragmatismo del que tanto me hablaron de joven cuando decia "voy a ser escritora?". "¡Escritora, pero, mi amor, tenés que ser pragmática", decía la profesora, y bien, pragmático sería el unicornio si se dejara mutilar el cuerno. Y no, no lo hace, no entrega su precioso cuerno, porque él es...su corazón y nadie entrega su corazón.
Y ahora que el té se enfrió y otra vez tengo sueño y un hombre cálido me espera en el otro cuarto, en su sueño profundo, sin saber que ahora pienso en él y en las madrugadas de mi juventud de poeta donde no me importaba despertarlo a las cinco de la mañana para leerle un verso,.... y ahora, repito, tal vez alguien crea que escribiendo esto estoy entregando mi corazón, pero sé, se me revela esta noche, que escribo ficciones para esconderlo, para esconderlo bien.
Bajo el sol hay gente complicada, en el bosque hay cazadores...

miércoles, 3 de agosto de 2011

Los ojos tras los anteojos oscuros

Subió en el shopping Alto Palermo y era previsible. El colectivo estaba abarrotado, yo por milagro ocupaba uno de los pocos asientos y esta mujer de bronceado furioso e hieráticos anteojos negros, cargada de bolsas de ropa de marcas caras y de quejas, pronto me empezó a fastidiar.
Las quejas iban dirigidas a su hija, pero las escuchábamos todos.Vagamente, se entendió que sólo ella se ocupaba de la casa, que los varones no hacían nada
por la limpieza, que nadie cocinaba si ella no se ocupaba.La voz era fuerte, vibrante, exaltada. Su tono no se contradecía con las bolsas de ropas caras, ni con los anteojos ni con el bronceado furioso.El contenido del discurso quejoso, se contradecía un poco.La hija la escuchaba con sumisión no exenta de soplidos y quejidos simulados. Cada tanto un suave¿que querés que haga? escapaba de sus labios.Era pálida y regordeta, se vestía con una simple remera y pantalón de gimnasia, contrastando con la exagerada flacura de su progenitora, de brazos fibrosos coronados por manos huesudas y arrugadas. Por que, aclaro, esto fue un verano y no recuerdo qué verano, pero las recuerdo a ellas.
No miento si digo que todos en el colectivo estábamos molestos. Esa mujer que se quejaba así parecía salida de un episodio de Sex and the City..El trabajador normal que toma ese colectivo a las siete de la tarde para volver a su casa, su pensión, su rancho en la villa ( el colectivo en cuestión pasaba por barrios de casas, pensiones y villas) no mira con buenos ojos a esas criaturas marcianas que con ropa cara y carteras enormes invade sorpresivamente el espacio común proletario y laburante. Así que los murmullos se hacían oir, pero la mujer seguía en su letanía, en su queja.
Y entonces sucedió. Fue un milagro. Quiero decir que no se sacó los anteojos de sol, pero vi sus ojos.
No sé qué desdichas, cuánto cansancio, qué oscuridades hogareñas taparían el bronceado furioso, los anteojos de sol, la ropa carísima.Pero cuando la hija, una adolescente de catorce años, saludó antes de bajarse sola, escuché a la mujer decir:
-Por favor, llamame cuando llegues...
-No te olvides....
Y repitió: Llamame cuando llegues.
Dijo esto con la misma voz suplicante, temerosa y dulce ( ese pedido, ese ruego en el que los padres nos ponemos a merced de nuestros hijos), dijo esto con la misma voz que empleamos todas, pero todas, las madres del mundo.

martes, 26 de julio de 2011

HUASA MALLCU

En el Altiplano sudamericano, en las antiguas tierras de los incas, hoy Bolivia , habitaba el Huasa Mallcu, un gigante cuyo espíritu se presentaba a veces en forma de cóndor, protector de los hombres y de los pájaros por igual, en especial de los niños. En caso de peligro, Huasa Mallcu los hacía invisibles al atacante, salvándolos. Los espíritus malignos y los ladrones no tenían respiro con Huasa Mallcu acechándolos y ahuyentándolos. Era capaz de detener el granizo en el aire, protegía hogares y cosechas, acompañaba a los enfermos. Huasa Mallcu es el gigante benigno de la tradición inca, al que hoy sigue rindiéndose culto.

NARRACIÓN AL PIE DE LOS ANDES

Huasa Mallcu relató, al oído de una vieja hechicera, un antiguo y triste suceso, el más triste de todos cuantos vio, en los tiempos terribles de la conquista. Bajó de las alturas en forma de cóndor, y cerrando las alas en la ladera rocosa de la montaña, se vio al gigante bueno, de rostro oscuro y labios gruesos, llorar frente a la casa de la pequeña hechicera, que jamás olvidó lo que escuchó, ni el momento en que el gigante poderoso lloró lo perdido. La hechicera, cuyo nombre se perdió en los tiempos, anudó fuertemente la historia al cuello de un cóndor, el cóndor desplegó sus alas y la escondió en la montaña, el murmullo de la montaña la contó a un viajero, el viajero, de piel blanca como los antiguos conquistadores, la escribió para que fuera a su vez contada. Y ésta es.

“ Sobre el viento de las alturas y el batir de mis alas, sentía un murmullo creciente, como de oleaje, como un trueno que creciera sin cesar, y lo peor era que no bajaba del cielo, subía de la tierra y era compuesto de millares de pequeñas voces, voces que clamaban ayuda, mi bondad, voces que decían “ Huasa Mallcu bondadoso, padre del huérfano y protector de infelices, óyenos, sálvanos” Y a veces las voces eran pequeñas, pequeños suspiros, otras eran gritos desgarradores, a veces se oían tenues como brisa, otras eran demoledoras como el viento de las cumbres, otras eran voces demolidas...Y yo, Huasa Mallcu, creado por mi padre Sol para guiar a los pequeños pastores perdidos en las montañas, para salvar a los pequeños pichones caídos del nido, para perder a los ladrones de las huertas, nada podía a hacer contra hombres poseídos por afán de oro, con brazos de hierro, con corazones de hierro.
“Pero descendí, sobrevolé las chozas ardiendo, los maizales tomados por el fuego, los templos arrasados, cerré las alas para hacerlas brazos de gigante y abracé una madre con sus pequeños hijos, los subí sobre mis espaldas, abrí mis alas y se los llevé al padre Sol.
“ Y en tierra nueva permanecen eternamente salvados de maldad y alimentándose de luz. Son espíritus bondadosos que miran su antigua tierra y protegen los antiguos cantos y el cobre de los rostros, para que no desaparezcan de la faz de la tierra y sigan dando luz a la faz de la roca. Y ellos han olvidado el dolor y yo Huasa Mallcu, conservo todo el dolor en mí. Este espíritu llora ante una pequeña mujer. Pero ella conservará mi llanto como yo preservaré su rostro para que por siempre viva mi pueblo. Aunque la codicia es el más poderoso de todos los espíritus malos, puede más que el cóndor, puede más que el gigante y puede más que ambos, nadie puede más que el Sol ”
Así es la historia que cuenta el viajero haber escuchado a una montaña , historia viajera en alas del cóndor que una hechicera escuchó del mismo Huasa-Mallcu.
Lo cierto es que el Gigante Cóndor, el bondadoso Huasa-Mallcu, es venerado en tierras de los antiguos incas todavía hoy, y en una fecha especial se lo conmemora, se reúne la gente en su nombre y le dirige un hechicero las siguientes palabras.
“Huasa-Mallcu bondadoso, padre del huérfano y protector de infelices, óyenos, trajimos estas cosas que te ofrecen tus pobres hijos, tus miserable criaturas, víctimas de la crueldad de los blancos” Y a continuación, el antiguo rito inca se renueva con la misma fe, quinientos años después de la trágica Conquista

martes, 28 de junio de 2011

DUERME MATTEO

Duerme Matteo, duerme
Hay un lago donde se refleja tu rostro
Por que la Ondina quiere besarlo
Pero tú duerme, Matteo, duerme
Hay un enano en una cueva
La cueva está llena de oro
Pero en un cofre guardado con siete llaves
Está tu nombre escrito por los gnomos
Pero Duerme, Matteo, Duerme
Te llama en suspiros la Luna
Tú Duerme, Matteo, Duerme
Te llama el bosque susurrante
Tú Duerme, Matteo, Duerme
Helena de Troya toca tu hombro en la cama
Tú Duerme, Matteo, Duerme
Dios golpea la ventana con los nudillos...
Tú Duerme, Matteo, Duerme
Si Duerme Matteo, duerme el gnomo, la ondina,
el bosque y el Universo todo.
Déjalos dormir...

martes, 17 de mayo de 2011

Lectores, amigos, mucho mas que todo eso

Tengo apenas unos minutos para escribir estas lineas. Me encantaria decir que estoy presa en un barco pirata o cruelmente vigilada por un editor proxeneta. Pero sólo tengo un tobillo fracturado y muy poca movilidad. Algo muy vulgar: yo que hago aeróbicos con pesas dos veces por semana y una clase de patin artístico los sábados sin jamás una lesión, me resbalé en la vereda jabonosa de un lavadero de autos. Acá estoy, demasiado agotada para inventarles una historia o escribir otro poema. Así que creo que llegó el momento de decir:GRACIAS. Gracias por estar ahí, leyendo esto. Gracias a quienes me hicieron ver que cuando la palabra es fuerte, cuando la vocación es real, no hay editor miserable y fracasado que desde la imaginaria altura de una masculindad indecisa( ni fracasada, ni frustrada, sólo indecisa, eso da una altura perfecta al menos ante mi metro setenta)me dijo "dedicate a otra cosa".El libro que motivo ese consejo agotó en un año y medio 12.000 ejemplares. Faltaban aún cuatro libros más, pero lloré, si lloré frente a esas palabras. No valen tampoco las palabras del autor consagrado y ahora condenado por plagio "deja de escribir mariconadas"Yo misma presencié, en una charla con sus editores, como pagaban las notas elogiosas de sus tiempos de éxito. No vale la lejana voz censora de un padre preocupado por el camimo incorrecto que tomaba su hija mujer, destinada en sus planes a otra cosa. No valen las palabras que escribió en el margen de uno de mis poemas de mis doce años "mediocre".
Claro que cuando te enfrentaste al primer hombre que te dijo mediocre y ese es el primer hombre, tu padre, ya nadie, hombre o mujer, va a detenerte.
Abri este blog no me acuerdo en qué mes del año 2007 y le envié su dirección a siete amigos. Esa fue la única campaña de promoción que hice. Todavía me acuerdo de la sorpresa de recibir el primer comentario de un desconocido. Se llama, creo, Ruben Dhuggieri y todavia le estoy agradecida. Como a Antonio Lopez, como a la brillante Miss T, como a Fernando, con quien tuvimos una airada discusión que supimos resolver, de un modo hasta cariñoso, porque él es un caballero navegante. A todos ustedes, gracias, por darme aún más fe en mi convicción, de que la palabra se vale por si misma.De que un poema, una historia, es un espejo que nos ayuda a vernos ....semejantes. GRACIAS.

miércoles, 20 de abril de 2011

CANTAR DE LA BRUJA

Dile, Luna, que lo amo
Díselo al poeta, díselo al soldado
Díselo al pensante que derrama su tinta
en inútiles libros de filosofia
díselo al que que tiene la voz tan potente
que llora y se ríe cuando él canta, la gente
Haz que sueñe conmigo mañana
el hombre más lejano que duerma de espaldas.
Pero sobre todo, sobre todas las cosas
llévate contigo este suspiro de rosa
Tú sabes, no preguntes.
él no es un hombre bello¿para que?
sueño la belleza que alberga su pecho.
El tiene voz dulce o tiene voz tronante,
pero es cuando calla,pero es cuando mira,
que sus ojos negros, Luna, me desmayan.
Asi que dile, como cada noche,
al soldado que duerme,
que la bruja lo espera
al músico que sueña, que la bruja lo ama,
al filósofo que delira, que estoy en su cama,
pero llévale, a él, a él, el suspiro de una rosa
de una rosa débil que aun no se deshoja
sólo se desmaya en la noche de luna
soñando un delirio de pura locura:
si puede una bruja soñar con un hombre, es con él.
Dale, Luna, mi carta esta noche,
suspira en su frente,
hazle mil reproches
Dile que mis manos son tibias y mi boca blanda
dile que las brujas aman
y se ponen débiles y se ponen palidas
y lloran despacio y olvidan la magia

lunes, 11 de abril de 2011

MERCADO NEGRO:ULTIMA ENTREGA!

Capitulo 5: Arráncalo y partéselo en la cabeza
MacDillon despertó en una pesadillesca ciudad, ya saben cuál, me cansé de decirlo, Nueva York. Y se encaminó a su casa como sonámbulo. Y embocó la llave a duras penas. Aún podía verse una estrellita solitaria bailando sobre su cabeza. Entró y encendió la luz. Y sentada en su jergón roñoso, recostada más bien, en la pose de Madame Recamier, se hallaba una rubia espectacular. Como Isabel Sarli, pero más flaca y teñida.
—¿Tú eres el que busca a mi esposo? —susurró.
—¿Qué?¬—MacDillon estaba sordo como un topo.¿O era una tapia?
—¡Qué si tú eres el que busca a mi esposo!
—¿Y quién es tu esposo?
—¿No adivinas quién soy? —dijo la rubia teñida incorporándose y dejando ver dos pechos voluminosos enclaustrados en un corpiño que en mi opinión, tenía rellenos. Era como Ivana Trump, con más maquillaje. O sea, era lo que los hombres llaman un sueño y las mujeres llamamos una pajarraca.
—¿Quién eres?¬—Mac Dillon preguntó esto con la naturalidad y la calma de quien ha recibido doscientos dólares en lugar de tres mil y una golpiza del sargento García. O sea, como alguien que ha perdido la capacidad de asombro que es el origen de la filosofía según Aristóteles.
—Soy la futura viuda de MacEnroe.
—¿El tenista?
—No te hagas el idiota.
—Entonces el que se masturba con guantes de cirujano usados.
—-El mismo. Mi femineidad no soporta ese desprecio.¿Me comprendes?
—Claro—MacDillon buscaba como un loco un peine en sus bolsillos para hacerse bien la raya. Sería gratis esta vez.¡Bien!
—Si dinero es lo que buscas, aquí hay de sobra—ella le arrojó una cartera.
Pero él se arrojó sobre ella.Y fue, creánme, maravilloso. Se habían juntado el hambre y las ganas de comer. En fin. Patéticos. Eso terminó mas rápido que una pizza delante de MacRae.
—Al fin un hombre me comprende—exclamó ella. Triste ¿eh?
“Al fin una mujer no me cobra, me paga” pensó él, no sin lógica.
—Matarás a ese cerdo.
—Claro.
—Y te casarás conmigo.
—Por supuesto.
—Y me harás el amor toda la noche.
—Bueno...la noche es larga.
—Y es toda nuestra.
¬—Pero yo me levanto temprano.
—¿Me estás diciendo que te levantas temprano o que es imposible de levantar?
—Qué romántica. Prueba.
—Probaré.
Y probó. De todas las formas. Pero fue imposible.

Al fin ella se hartó. Se arregló la ropa, repitió dos o tres palabrotas y le sugirió que hablaran de negocios.
—Mi marido va a estar mañana a las cinco en el fumadero de opio de la calle Cuarenta y ocho y la Decimonovena Avenida.¿Te ubicas o te hago un plano?
—¿Dónde está el bar con el busto de Jefferson pintado de rojo?
—Sí. El bar tiene un sótano. Ese sótano es un fumadero de opio. Al fondo a la derecha hay un baño. En el baño hay un caño. Arráncalo y partéselo en la cabeza. Será limpio, no hay mucho que se derrame. Barato para ti, pero yo te lo pagaré caro.
—¿Cuánto es caro?
—Carísimo. Me casaré contigo. Será el modo de que no abras la boca. Y serás el dueño del emporio MacEnroe.
—Oye. Yo leí novelas. No soy tan bruto como piensas. Las rubias siempre dicen eso y mienten.
—Pero yo soy castaña. Lo demás es agua oxigenada.
—Es verdad—reconoció él—Mañana a las cinco estaré ahí.
—Sí. Y te amaré para siempre.
“¡Y me pagará por ello!” —pensó MacDillon.
—Está bien-dijo—Lo mataré.
—-Eres mi héroe.
—¿Cómo te llamas?
—Evangelina Salazar de MacEnroe.
—Con eso me convences. Con ese nombre no puedes ser una arpía de novela.
—Claro que no. Me voy. Ahí queda mi cartera. Gasta lo que hay adentro, pero cuídala. Fue un regalo de bodas.
—Descuida. Podrás llevarla en el funeral.
—Claro que no—ella se mostró escandalizada—¿No ves que es roja? Sería una falta de respeto.
Bien, llegó la hora de mostrarse un poco rudo.
—Vete-dijo—Eres una perra. Cuando seas mi mujer, te trataré como mereces. Para mañana a esta hora serás viuda.
—Adiós—dijo ella y un destello extrañamente metálico asomó en su mirada. ¿Era lo que parecía?¿Tenía lentes de contacto de color? No podría asegurarlo.
En eso MacDillon reparó en un detalle. No conocía a MacEnroe. Salió al corredor y gritó.
—¡Evangelina!
—Salazar—se volvió ella con un mohín de coquetería.
—No lo conozco.
—¿A quién?
—A tu marido.
—En mi cartera hay fotos.
—Bien.
—¿Ya me puedo ir?
—Vete.
—Adiós.
Y se fue.

Y al día siguiente, MacDillon tomó la cartera y contó los billetes. Había allí tres mil dólares. Bailó horriblemente mal una polca.
Y luego miró la foto.
MacEnroe se parecía mucho a MacRae.
¿Extraño? Si A es igual a B...entonces MacEnroe era MacRae!
Pero se conocían desde la infancia. Transcurrieron juntos la adolescencia, con la vieja Lucy..¿sería posible?
¿Ya lo adivinaron, no?

A las cinco, MacDillon fue al bar de la Cuarenta y ocho y La Decimonovena avenida, con un busto de Jefferson pintado de rojo, descendió el sótano, fue al fondo, tornó a la derecha, entró al baño, le costó bastante arrancar el caño, fue hacia MacRae, que fumaba opio en una hamaca y le partió la cabeza.
Uf. Ni Chase lo hubiera hecho mejor. Qué escena violenta. Y en un solo párrafo.
Luego dejó el caño, salió, y en la esquina estaba Rose.
—Oh, Joe—parloteó—¡Te conseguí la motosierra!
La apartó suavemente.
—Olvídalo, nena. Me caso.
—¿Tú?
¬—Sí, yo ¿por qué no?
—¿Pero con quién?
—Ya lo sabrás¬—dijo sombrío.
¬—Mira. Algo pasa en el bar.
—Olvídalo, nena. Te enviaré un pavo relleno en Acción de Gracias.
—Pero mira. Está el sargento García.
—Tu amigo, eh, espero que le cobres caro.
—Pero viene hacia aquí.
—Es que eres guapa, Rose. Incluso vestida.
¬—Pero mira lo que lleva en la mano, Joe, eh, mira.

Y llevaba en la mano el caño sangriento.
Y en la otra mano, dos esposas.
Y tras de él venían veinte policías más.

Y ese fue el fin de MacDillon.
EPILOGO
Ya lo adivinaron, ¿no? Evangelina Salazar es la viuda de MacRae, que pagó su viudez con los tres mil dólares que su finado marido recibiera del ignoto para siempre MacEnroe a cambio de los guantes usados de cirujano.
Y MacDillon es un idiota.
Pero eso lo sabían desde el principio.
En cuanto al magnate, Mary se entendió con él, por medio de Rose, que entre otras cosas, colaboraba con MacEnroe ayudándolo a calzarse los guantes.
Gracias a Dios, terminé este cuento. Ya puedo ir y confesarme.